¿El gas de esquistos recalentará también a Entre Ríos?

Los nobles ingleses le arrancaron al rey Juan Sin Tierra hace más de 1000 años un código que limitaba el real poder y obligaba al monarca sobre todo a no imponer impuestos sin representación. Milenio más o menos después los gobernantes ingleses no se han podido liberar de la obligación de respetar a sus gobernados, al menos en las formas: han debido prohibir las explotaciones de gas “no convencional” debido a un inesperado seísmo que se produjo en Blackpool, ciudad turística. Fue algo imprevisto en aquellas latitudes salvo por el brutal ataque a la naturaleza que implica el “fracking” o fractura de rocas subterráneas para liberar el gas natural que encierran.

Fracturación hidráulica o fracking, la última tecnología que preocupa al mundo ecologista.
Pero los mismos ingleses tratan de exportar sus técnicas para obtener el gas de esquistos, gas no convencional o “shale gas” al tercer mundo, donde suele haber algo más de comprensión para sus empresas y algo menos para las poblaciones locales.

Sin exagerar, un miembro del Banco Mundial dijo que en los países en desarrollo no deben preocuparse por los efectos insalubres de técnicas productivas del primer mundo porque como en el tercero la vida es mucho más corta los efectos negativos del “progreso” importado sobre la salud no se transmiten por herencia. ¡Qué humor el de los gringos banqueros!

Una vez que las reservas “convencionales” de gas natural y de petróleo mermaron bastante, se recordó el gas de esquistos, que duplica o triplica las reservas conocidas aunque con algunos costos sociales que la propaganda, las dádivas, la coacción o la mentira ayudan a disimular.

En los Estados Unidos, en las regiones desérticas o semidesérticas que le quitaron a México a mediados del siglo XIX, se aplica ya una tecnología competitiva para explotar el subsuelo y obtener gas natural en grandes cantidades y a bajo costo, tanto que el precio bajó casi a un tercio al combinarse los efectos de la crisis sobre la demanda y la oferta creciente.

Los entusiastas emprendedores petroleros dicen que la China, la India y Australia tienen gran potencial de recursos de gas no convencional, y pueden ser los siguientes países en desarrollarlos a gran escala, con su ayuda recompensada con magnificencia.
En Europa diversas compañías han iniciado ya prospecciones de recursos no convencionales, por lo menos Francia y sobre todo Inglaterra, como sabemos los entrerrianos.

Claro que las mismas fuentes petroleras dejan entrever que hay algunos puntos en contra, en particular “el limitado conocimiento de las propiedades geológicas de los reservorios”, lo que puede relacionarse con los terremotos que provocaron en Inglaterra.

Otro problema son los costos de extracción y la tasa de declinación de la producción, también relacionados con la ignorancia que lejos de limitar la codicia más bien hace temblar la tierra, y la falta de interés en países que tienen reservas de gas. Este desinterés es cuestión de tiempo porque las reservas no son para siempre, tampoco las de gas no convencional.

Otro inconveniente es el impacto medioambiental, que obliga a gastos adicionales para convencer a la población, lo que no fue posible hasta ahora en Famatina con otro tipo de minería a pesar de regalos abundantes y promesas que no cumplirán, como hubo a su tiempo en Salto Grande o en Fray Bentos.

El cuento de Osisko no alcanzó para convencer a la sociedad.

Pero es auspicioso para las petroleras que el desarrollo de las nuevas técnicas se haya producido y empleado ante todo en los Estados Unidos y el Canadá, y que el resto del mundo sea terreno virgen para la demolición sistemática del subsuelo mediante la aplicación de agua con arena y gas oil a la presión de 500 atmósferas, suficiente para rajar las rocas e incluso hacer peligrar a un submarino bajo el mar.

Una preocupación de los ambientalistas es que la fractura de las rocas que impiden el flujo de gas porque lo aprisionan puede extenderse más de la cuenta, dentro de los límites de la ignorancia confesada, e introducir contaminantes en las reservas de agua subterránea. Pero un poco convencionalmente los petroleros han establecido que las prolongaciones de las rajaduras de los esquistos, que tienen planos de clivaje que se deslizan con relativa facilidad, no llegan a más de 1000 metros.

Para producir la fractura de las rocas se aplica una mezcla de agua, propelentes como arena o partículas cerámicas, y fluidos especiales de alta viscosidad, cuya naturaleza no se revela con gusto pero es gas oil. La mezcla se bombea durante varias horas a 500 atmósferas hasta provocar las grietas.

La arena es impulsada dentro de las fracturas con el líquido viscoso para evitar que se cierren al disminuir la presión.

En un yacimiento convencional, el gas natural está en roca porosa limitada por una capa de roca impermeable que evita que escape a la superficie; pero los no convencionales son una acumulación de capas sedimentarias de baja permeabilidad que atrapan el gas entre ellas, lo que hace necesario romperlas para liberar el tesoro.

Los esquistos, designación que viene de una palabra griega que significa “escindido” y que aparece también sintomáticamente en “esquizofrenia”, son conocidos como pizarras. Son rocas metamórficas con preponderancia de minerales laminares como la mica, la clorita, el talco, la blenda y el grafito, que tienen un aspecto característico de hojas gruesas superpuestas.

El cuarzo se halla con frecuencia en granos estirados por la gran presión a que se formó naturalmente en el seno de la tierra, hasta al extremo que se produce una forma particular llamada “cuarzo esquisto”. El esquisto contiene más de un 50 por ciento de minerales planos y alargados, a menudo finamente intercalado con cuarzo y feldespato.

El esquisto contiene más de un 50 por ciento de minerales planos y alargados, a menudo finamente intercalado con cuarzo y feldespato.
La tecnología de la fractura hidráulica ha permitido hacer rentables económicamente a los depósitos de gas natural alojados en lechos rocosos en Texas y Colorado, Estados Unidos, y el oeste de Canadá, donde casi toda la producción se vende a los Estados Unidos.

La nueva posibilidad técnica ha provocado una fiebre ante la perspectiva de ganancias que rápidamente se ha dirigido al tercer mundo, que no quedará libre de esta nueva amenaza como no se libraron sus bosques del desmonte, sus ríos de los derrames de venenos agrícolas ni sus montañas de la minería a cielo abierto.
Se trata de una fiebre por ganancias que suele vestirse de desarrollo cuando apenas si es depredación y que aleja la perspectiva de energías limpias para enfriar el planeta. Queda en claro que sin petróleo ni gas no hay otro plan que pueda proporcionar la energía que mantenga el modo de vida de los países desarrollados, que buscan ahora apropiarse de cualquier modo de las riquezas minerales del mundo entero para dilapidarlas.

Los petroleros calculan que en los Estados Unidos, con formaciones de esquistos de dos y tres kilómetros de espesor en el subsuelo, puede haber hasta 23,4 miles de millones de metros cúbicos de gas “recuperable” (palabra que quienes no participan del negocio podemos sustituir por “depredable”) según el Annual Energy Outlook 2011. Las reservas mundiales de gas de los mantos carboníferos alcanzan a 915 miles de millones metros cúbicos.

La técnica “no convencional” consiste en practicar una perforación vertical hasta un máximo de tres kilómetros y a partir de esa profundidad túneles horizontales de un kilómetro a lo largo de la formación de pizarras. Luego se inyecta desde la superficie, con equipos trasladados en camiones, grandes cantidades de agua con químicos viscosos y arena.

La nueva fiebre se asienta en el apetito importador de Asia y en la idea de que el gas es “el combustible de transición” entre una economía sucia, basada en el carbón, a una baja en dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero.

El gas obtenido por fractura hidráulica libera una proporción de dióxido de carbono mayor que el convencional debido a las condiciones técnicas en que es obtenido y permite la filtración a la atmósfera de metano, que tiene un efecto invernadero 25 veces mayor que el dióxido de carbono y no está contemplada en la legislación de los países centrales y mucho menos en los demás.

El gas natural no convencional comenzó a explotarse en la década de los 90 y creció en gran forma desde 2005 cuando el presidente George Walker Bush les permitió a los petroleros no cumplir la ley de agua limpia. En los últimos años, la producción de gas de esquisto, de arenisca y de manto de carbón aumentó a razón del 48 por ciento anual.

En Colorado, Estados Unidos, que a pesar de ser un desierto tiene población, la gente se queja de que cerca de los pozos desde hace tiempo el agua que beben está contaminada y que el liquido que sale de las canillas es inflamable.

De todos modos es difícil probar la contaminación porque a las empresas no se les exige revelar qué tipo de sustancias emplean para hacer que el gas fluya fuera de la roca. Esto en los Estados Unidos, en los países periféricos sin dudas los gobiernos no serán más exigentes.

Los petroleros dicen que nunca la fractura hidráulica contaminó una napa en los Estados Unidos, pero de todos modos en silencio han ido haciendo callar a los habitantes que protestan por la contaminación ofreciéndoles individualmente buenas sumas de dinero.
La fractura hidráulica usa enormes cantidades de agua dulce en una región que sufre escasez hídrica, se quejan los habitantes de la Columbia Británica en Canadá, ya que cada pozo exige millones de litros que se extraen sin miramientos de de ríos, lagos y arroyos.

En Famatina el agua para usar en la lixiviación se va a obtener de la acequia que baja del cerro nevado, construida en piedra para evitar que se filtre en el terreno y que se usa para plantas y animales. En el Canadá, con reservas de agua mucho mayores, ya se siente la presión de la industria sobre ellas de modo que podemos imaginar qué pasará en La Rioja.

El problema tiene una solución simbólica, que muestra de qué lado se inclina la balanza: 16 empresas petroleras fueron multadas en Canadá con sumas que no alcanzaban los 1000 dólares. Pague y siga.

Pero lo que hizo literalmente temblar a los petroleros fue el seísmo que se produjo en Blackpool, Inglaterra, un revés grave que no pudo ocultar el tejido de mentiras con que suele la codicia cubrir su cuerpo ingrato.

“Pequeño temblor en Blackpool, gran revés para la política energética británica”, fue un título inesperado del periódico inglés The Independent (El Independiente). Fue necesario detener las perforaciones iniciadas en el primer proyecto de gas natural de esquisto en Lancashire, al noroeste de Inglaterra, al producirse un segundo terremoto en la zona.
Tras el terremoto de magnitud 2,3 registrado en abril, hubo otro cerca de la turística ciudad costera de Blackpool. La empresa “Cuadrilla Resources” estaba inyectando fluidos a alta presión en el subsuelo con la intención de triturar la roca gasífera.

La fracturación, “fracking” para los ingleses que entre temblores ya la conocen bien, está prohibida en Francia y en Nueva York y Pensilvania en los Estados Unidos, donde este gas constituye ya el 45 por ciento del suministro nacional.

En Estados Unidos, vecinos de las explotaciones no convencionales han prendido fuego al agua de sus canillas porque sale mezclada con metano, el gas natural tan buscado.
A pesar de todo, los amos del petróleo quieren levantar la prohibición para explotar el esquisto en Francia, argumentando que se trata de usar las reservas de hidrocarburos y reducir la dependencia energética del exterior.

Las empresas petroleras francesas hicieron ver que Francia tiene hidrocarburos en su territorio y “debe darse todos los medios para aprovecharlos, contribuir a reducir su dependencia energética, mejorar su balanza comercial y garantizar beneficios económicos locales significativos.

No sabemos si “todos los medios” implican también terremotos, calentamiento global, agua inflamable y otras cosas que todavía están dentro de la “ignorancia” de los industriales.

Esos industriales han dicho que el gas de esquistos es un puente hacia técnicas más modernas, con menos emisión de dióxido de carbono. Se les olvidó posiblemente que las técnicas que recomiendan liberan al aire mucho más metano que las convencionales y que el metano tiene un efecto invernadero 25 veces mayor que el dióxido de carbono.
Hace tiempo se alertó sobre la posibilidad de que las vacas del campo, como producto intestinal gaseoso de rumiar el pasto largamente, estén cargando la atmosfera con metano y favoreciendo el efecto invernadero.

Un cálculo elemental hace ver que todas las vacas no alcanzan a hacerle sombra a las “emisiones fugitivas” o escapes de un pozo solo de estos que se proclaman “limpios”.

AIM

Notas relacionadas:

  1. Entre Ríos: Ecologistas se preparan contra el fracking
  2. Entre Ríos avanzará en la búsqueda de hidrocarburos no convencionales
  3. Buscan indicios de petróleo en los parques termales de Entre Ríos
  4. Entre Ríos dejó de subsidiar el gas y la luz
  5. La explotación petrolera en Entre Ríos pondrá en riesgo el Acuífero Guaraní

Comentarios


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>