¿Fracking y desarrollo?

La sensación es de gran pena. Tal vez sea la nostalgia de pensar ilusamente en el periodismo como indagador de la realidad y no como panfleto de una política energética que genera como mínimo muchas dudas en sectores progresistas de la sociedad.

La nota principal del suplemento Cash de Página 12 del domingo 1 de septiembre comienza diciendo: “Un fenómeno nuevo recorre la economía argentina, el pensamiento ecologista se disemina rápidamente por todos lados…..”[1]
Tras ello habla del enemigo de la hora al hablar de fracking y sus paralelos con anteriores enemigos como la megaminería o los agrotóxicos.
El intento es burdo, recopila alguna información parcial respecto al fracking y escoge sólo de la bibliografía que cita la información que está alineada a su propósito de propaganda obviando el resto.
Intenta igualar ecologismo con derecha oportunista y reivindica el capitalismo avanzado. Desde el ecologismo tenemos claro que dentro del capitalismo no hay opción para el desarrollo. Sí probablemente para el crecimiento económico material desigual.
Se debería recordar que no fue la derecha recalcitrante sino el gobierno quien esgrimió con justeza durante la discusión de la Resolución 125 los impactos del modelo de monocultivo de la soja y sus impactos sobre los recursos naturales. Argumentos archivados luego del conflicto. Tampoco fueron los sectores concentrados sino el gobierno quien aseveró con certeza acerca de los impactos de la actividad hidrocarburífera en el territorio a la hora de plantear la valuación de las acciones de YPF, utilizando el caro concepto de pasivos ambientales. Argumentos también archivados rápidamente.
Etiquetar sólo oculta la cuestión de fondo algunos segundos. El extractivismo no es una “expresión aglutinante”, es una realidad en la región de la que debemos dar cuenta y analizar.  Del extractivismo planean servirse los gobiernos de la región para superar la pobreza, sin embargo, indefectiblemente el profundizar dicho proceso lleva al enfrentamiento con los afectados directos con esas políticas. Contaminar napas y suelos, expulsar campesinos y otros impactos se ocultan automáticamente si quien los produce es el Estado en lugar del privado en función de un fin presuntamente loable para unas mayorías a costa de la calidad de vida de algunas minorías.
Párrafo aparte debería significar el análisis que hace el cronista respecto a la represión desatada, justificándola. Tal vez de allí provenga la mayor pena que nos da la nota.
Desde el ecologismo creemos posible el desarrollo sin necesidad de avanzar en un crecimiento material ilimitado. El problema central no es la falta de crecimiento; el problema central es la desigualdad, la injusta distribución de la riqueza y la ambición de crecer materialmente para repartir. El problema son los instrumentos contables de medición que guían y orientan las políticas de desarrollo entendidas como crecimiento-económico. En cuyo caso, incluso, son anticuados e incompletos los indicadores utilizados, como el PBI también, ya que miden flujos y no miden stocks y la inversión para el aprovechamiento de recursos energéticos ilimitados valen lo mismo que los limitados. Discusión aparte es ver como se contabilizan y se incorporan en la ecuación macroeconómica las externalidades o pasivos socio-ambientales. A su vez no se contemplan los gastos paliativos o mitigatorios de estas externalidades, que en  la  mayoría de los casos figurarán como inversión y seguirá sumando positivamente al PBI. Pero esto es desviar la atención sobre otras de las tantas cuestiones que la mirada  economicista ignora junto con el funcionamiento de los acuíferos, los ecosistemas, los sistemas hidrogeológicos, etc.
Respecto a la cuestión de fondo (fracking y desarrollo) el artículo dice poco, incluso oculta.
Del artículo de Nicolás Di Sbroiavacca[2] citado en la nota de Página 12, podemos incorporar para el debate sus aportes respecto al análisis que se hace del llamado por el autor “escenario Chevrón”. En dicho escenario se observa que a pesar de una inversión de 25.000 millones de dólares y de realizar 1562 pozos con una inversión media por pozo de 16 millones de dólares, el impacto sobre la producción de total de petróleo será escaso y solo permitiría reducir el déficit del mismo entre los años 2014 y 2017.
En el mismo trabajo, el autor desarrolla un escenario de autoabastecimiento de petróleo y gas natural hacia el 2050. Este escenario requeriría una inversión de 600.000 millones de dólares y 57.000 pozos, a razón de 1500 pozos por año. Esto significa una inversión promedio anual de 16.000 millones de dólares (monto similar a las erogaciones en importaciones energéticas en el presente año). Y todos estos análisis deben ser enmarcados bajo un halo de incertidumbre importante debido a la falta de experiencia y conocimiento tanto a nivel mundial como local de la extracción de no convencionales.
El vicepresidente de Fundación Bariloche, autor de la estimación citada, expresa la necesidad de diversificar la oferta de hidrocarburos incorporando los no convencionales y el desarrollo de lo que aún queda de las cuencas convencionales sobre lo cual no coincidimos.
Pero también incorpora la necesidad de trabajar por un lado sobre la demanda, entiéndase abordar la eficiencia energética, y la incorporación de fuentes de energías renovables para diversos usos.
Desde el ecologismo nos planteamos habitualmente energía para qué y para quién. Desde el ecologismo creemos que no es profundizando el capitalismo que vamos a mejorar la vida de la gente ni preservar los ecosistemas. Desde el ecologismo creemos que desarrollo no es sinónimo de crecimiento material y que no se requiere crecer para alcanzar niveles cualitativamente más elevados de desarrollo. Desde el ecologismo creemos que es necesario pensar en procesos de satisfacción de necesidades humanas con menos materiales y energía, en escenarios que garanticen y amplifiquen condiciones de  equidad.
Desde el ecologismo creemos que así como a principios del siglo veinte se visualizó que el petróleo era el futuro, hoy debemos ver que no lo es. Que el futuro es hoy en base al desarrollo de otra realidad energética. Que es necesario hacerse cargo del proceso de calentamiento global, produciendo respuestas locales y regionales.
600.000 millones de dólares. La cifra quedó en nuestra cabeza. ¿Podemos pensar una transición ordenada hacia otra realidad energética pero sobre todo hacia otro paradigma de desarrollo?
Ante un problema hay, no una, sino muchas posibles soluciones, este es un principio básico que los políticos deben ejercitar. Y si el problema es el autoabastecimiento energético los invitamos a reflexionar en otras posibles soluciones. Si la inversión de la única solución planteada por el gobierno, pero también por muchos otros que hoy están en la oposición circunstancialmente requiere de 600.000 millones de dólares, podríamos al menos debatir cuáles son los otros escenarios posibles de inversión para dar solución al problema del autoabastecimiento en el corto, mediano y largo plazo.
Se trata de un desafío interesante frente a un problema de trascendencia intergeneracional. Es por eso también penoso que parte del periodismo tradicionalmente crítico se haya  transformado en defensores de las decisiones políticas tomadas. Decisiones defendidas no por su contenido sino por sus emisores, degradando de este modo la política y aceptando tácticamente la reglas de juego que ofreció e impuso la oposición conservadora en el país.
Desde Taller Ecologista organización no gubernamental que desde el año 1985 trabaja por otra realidad energética, expresamos nuestro apoyo a las luchas de las comunidades en defensa de los territorios afectados por la explotación hidrocarburífera y el rechazo al acuerdo secreto YPF-Chevrón.
Rosario, 6 de septiembre de 2013
 


[2] http://web.iae.org.ar/wp-content/uploads/2013/08/Shale-oil-and-Gas-Final.pdf

Contactos:


– Pablo Bertinat (Área Energía Taller Ecologista): 0341-155429278

– Ana Laura Garcìa (Área Comunicaciòn y Prensa Taller Ecologista): 0341-155795131