Vida y legado de Rosa Luxemburgo, una visión desde América Latina

El seminario “Derechos humanos, ayer y hoy”, organizado en ocasión de la apertura de la oficina de la FRL de Buenos Aires, contó con participantes y personalidades de toda América Latina, lo que permitió realizar un acercamiento particular a la vida y obra de Rosa. Un rompecabezas que armamos junto a Ana Terra, Osvaldo Bayer, Horacio Tarcus y Raúl Zibechi.

NORITA

Por Francisco Farina y Nadia Fink.- Ingresar en el legado de Rosa Luxemburgo es abrir una puerta para que el pasado se haga presente y su mirada política nos interpele en el aquí y ahora. Esa fue la pregunta que nos movió a consultar a las figuras que se reunieron los días 1 y 2 de diciembre pasado. ¿Qué nos dice Rosa y su firmeza hoy en Latinoamérica y en los movimientos sociales? He aquí un puñado de respuestas, que forman un rompecabezas aún incompleto.

“Nos significa una gran mujer, una gran intelectual, que tiene una historia de vida y de lucha fundamental y que nos inspira mucho al movimiento social”, contaba Ana Terra, del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil. “Creo que Rosa nos trae un elemento clave –que a mí me gusta mucho de su libro Reforma y Revolución–, que nos ayuda a entender los instrumentos específicos de la clase trabajadora y del capital para romper con la lógica del capital de la hegemonía”, agregaba la militante de la Escola Nacional Florestan Fernandes.

Horacio Tarcus, el director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (CEDINCI), comenzaba por explicar que “Rosa Luxemburgo fue una revolucionaria polaco-germana, que formó parte del proceso de creación de la socialdemocracia, primero en Polonia, después en Alemania, que formó parte del ala izquierda de ese movimiento socialista porque se opuso terminantemente a la Primera Guerra Mundial cuando los socialismos europeos claudicaban de su internacionalismo proletario y apoyaban a sus diversos gobiernos frente a la guerra”.

“Rosa tuvo la gran virtud de ser una pensadora y militante crítica que fue capaz de mantener una personalidad y una autonomía de pensamiento frente a los grandes hechos de la época, frente a la burguesía, frente al imperialismo alemán, frente a la izquierda alemana; incluso frente a la revolución bolchevique”, complementaba Raúl Zibechi.

La revolución y la libertad atraviesan la vida de Rosa de diversas maneras… “Era alguien que apoyó fervientemente la revolución, porque luchó por la revolución. Creía en ella como una forma de instauración de una sociedad igualitaria y libre, y, al mismo tiempo, nunca descuidó la dimensión de la libertad”, explicaba Horacio Tarcus. Mientras que otra vez Zibechi era quien sumaba que esa “esa autonomía de pensamiento, de vida es su principal legado. No por casualidad fue asesinada por un gobierno socialdemócrata”.

De igual a igual17
Su labor política e intelectual, nunca disociadas, se expresa según Tarcus en “la osadía de discutir de igual a igual con los grandes líderes revolucionarios rusos, aunque ella fracasó y estaba en la cárcel y no pudo llevar a cabo la revolución, le hizo señalamientos a Lenin, a Trotsky y a los líderes revolucionarios rusos que hoy siguen siendo un alerta de lo que podríamos llamar los peligro profesionales del poder”. Por su parte, Ana Terra rescataba de la vida de Rosa “una historia de vida pautada en la lucha, en la resistencia de ella en cuanto a lo intelectual, pensando en la libertad de poder expresarse, y tratar la forma de la economía y su militancia también”.

El escritor Osvaldo Bayer también mostraba su mirada: “Es un personaje increíble. En una época en que la mujer pertenecía a la casa solamente, o estaba muy aislada, Rosa Luxemburgo salió a la calle a hacer política”, detallaba. Pero también sumaba otras características que la distinguieron (y distinguen): “Una oradora excepcional, una mujer que realmente defendía sus derechos de mujer y, al mismo tiempo, los derechos de la sociedad. Era una socialista en libertad y estuvo en todos los movimientos de pacifismo durante la primera guerra mundial”.

A sabiendas de su asesinato, Bayer recordaba el porqué de esa saña: “Así se liberaron los reaccionarios de esa mujer verdaderamente revolucionaria”, aclaró. Así llegamos al presente, al legado que deja Rosa. Según Bayer, “a muchas mujeres en los movimientos feministas, que han crecido mucho, y en la creciente valentía entre las mujeres, en todos los países”. Por su parte, Tarcus la presentó como “un símbolo: una mujer emancipada, una mujer pacifista, pero con un pacifismo revolucionario, que apoya la revolución pero que quiere una revolución en libertad”.

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FRL