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Se destruyeron 7.214 empleos petroleros entre 2015 y 2017

Más de 4.000 en la Cuenca del Golfo San Jorge
Se destruyeron 7.214 empleos petroleros entre 2015 y 2017; más de 4.000 en la Cuenca del Golfo San JorgePor Marcelo García. En los últimos dos años se perdieron más de 7 mil puestos de trabajo en la industria petrolera nacional. Neuquén es la provincia en la que se produjeron más despidos (3.197), y la siguieron Santa Cruz (2.012) y Chubut (1.936).

Desde el segundo trimestre de 2015 y hasta el mismo período del 2017 -último dato oficial existente- se generó una enorme oleada de empleos destruidos en el sector petrolero, combinándose la crisis del precio internacional, el ajuste empresarial y las políticas de liberalización del mercado impulsadas por la gestión encabezada por el presidente Mauricio Macri.

Según los datos del Sistema Previsional Integrado Argentino (SIPA) del Ministerio de Trabajo de Nación, en la industria petrolera se han registrado 24 meses consecutivos de despidos, iniciándose el proceso de expulsión de obreros petroleros en mayo de 2015 y extendiéndose de manera ininterrumpida hasta abril de 2017. Recién en mayo se recuperaron 85 puestos, pero desde junio y hasta octubre retornó la destrucción de empleo petrolero.

Los casi 10 puestos de trabajo petroleros perdidos por día a lo largo de 2 años muestran una clara y preocupante política de ajuste empresario que se profundizó desde la llegada de Cambiemos al Gobierno nacional y que parece no tener fin tras los 200 telegramas de despidos que llegaron en las últimas jornadas a los yacimientos del norte santacruceño, y que podrían desbordarse en una nueva oleada de pérdida de empleo que prenuncia otras 600 posibles desvinculaciones.

La crisis internacional como excusa

La baja del precio mundial de crudo fue el principal argumento de las petroleras para iniciar a descargar el ajuste sobre los trabajadores, pero con la llegada del macrismo se desató la tormenta perfecta que complementó destrucción de empleos con flexibilización laboral.

Entre los 7.214 empleos destruidos deben considerarse esencialmente las modalidades de los despidos, las jubilaciones anticipadas y los retiros voluntarios, pero en los dos últimos casos se trató de una política impulsada por las compañías del sector que fue avalada por los sindicatos petroleros y contó con el acompañamiento del Gobierno nacional y las gestiones provinciales.

El mayor de los impactos se generó entre los obreros petroleros vinculados al sector de los servicios, totalizándose 5.820 empleos destruidos; mientras que en el área de extracción y perforación las cesantías llegaron a 1.394 puestos de trabajo. De los 64.918 puestos de trabajo que había en el petróleo durante el segundo trimestre de 2015, se pasó a 60.555 en igual período de 2016 y en el segundo trimestre del año pasado los empleos en el sector bajaron a 57.704.

Entre los períodos mencionados de los años 2015 y 2016 se produjo la mayor cantidad de despidos, destruyéndose 4.363 empleos petroleros; mientras que entre 2016 y el 2017 la cantidad fue de 2.851.

Despidos a pesar del repunte del crudo

Las compañías del sector petrolero exhibieron la baja del crudo a nivel mundial como causal para sustentar su política de ajuste, despidos, recortes de inversiones y baja de producción; pero si se compara lo sucedido con los puestos de trabajo del segundo trimestre de 2017 con los existentes en igual trimestre de 2014, se observa que el precio del barril parece no coincidir con las razones esgrimidas para la destrucción de empleo.

Durante el segundo semestre de 2014 el barril de crudo en su versión WTI promedió 100 dólares y los puestos de trabajo petroleros eran 61.308. En el segundo semestre del año pasado el petróleo cotizó en promedio a 48 dólares y los empleos descendieron a 57.704.

El trimestre en que el WTI tuvo su cotización internacional más baja fue a comienzos de año 2016, cuando promedió los 33 dólares, y en aquel trimestre los empleos eran 62.588. A pesar de haber subido 45% el precio internacional, los despidos continuaron y la contracción laboral siguió golpeando duro esencialmente en los yacimientos patagónicos.

Neuquén, la peor de todas

Los yacimientos ubicados en Neuquén han sido los que más obreros expulsaron en los dos últimos años, totalizando 3.197 empleos destruidos desde el segundo trimestre de 2015 e igual período del año pasado. En los yacimientos neuquinos la oleada de despidos, jubilaciones y retiros voluntarios tuvo mayor magnitud en el segundo año analizado, llegando a los 2.067 puestos de trabajo destruidos; mientras que en el primer año la cantidad ascendió a 1.130.

Como parte de la misma Cuenca Neuquina, en Río Negro la pérdida de empleo fue de 438 en dos años, pero vale considerar que en dicha provincia el empleo petrolero representa cerca del 12% sobre el total existente en Neuquén.

Más de 4 mil en la CGSJ

En el conjunto de la Cuenca del Golfo San Jorge, los empleos destruidos totalizaron casi 4 mil; aunque una parte corresponde a la región santacruceña que conforma la Cuenca Austral. Los yacimientos de Santa Cruz fueron los más afectados por los empleos perdidos, llegando a 2.012 despidos en dos años, de los cuales 646 fueron entre 2015-2016 y los 1.366 restantes se concretaron entre 2016-2017.

En Chubut las cesantías ascendieron a 1.936 durante los 24 meses analizados, distribuidas entre 1.005 empleos perdidos en el primer año y otros 931 en el segundo período estudiado.

Según el propio sindicalista petrolero Jorge Avila, en los yacimientos chubutenses se destruyeron  2.744, cifra que supera en 808 empleos los reflejados por las estadísticas oficiales hasta el segundo semestre del año pasado y que representan un 29% más que los oficializados.

El propio dirigente gremial enumeró que los empleos perdidos se distribuyeron de la siguiente manera: 569 telegramas de despidos, 1.680 retiros voluntarios y 495 jubilaciones anticipadas.

El Extremo Sur


EJES N°15 – El fracking en debate

Porque la población de Catriel no quiere los basureros petroleros en su territorio aunque la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Río Negro lo apruebe. Porque mientras hablan de “ciudades sostenibles”, la fundación de una petrolera, un organismo de crédito internacional y un municipio regulan cómo se vive en las ciudades del megaproyecto Vaca Muerta. Porque hay un nuevo subsidio a la producción de gas no convencional y 459 pozos de fracking en las inmediaciones de los cursos de agua de Río Negro y Neuquén. Porque sabemos que otra energía es posible, un nuevo boletín de EJES.

— Boletín EJES Nº 15 – Noviembre 2017 —

El Banco Central de Noruega propuso remover de su fondo soberano de inversión al petróleo y el gas, medida que descapitalizaría en parte a las grandes empresas del sector. Habiendo desinvertido ya del carbón, el camino es reducir los riesgos financieros de los fósiles: introducción de los autos eléctricos, nuevas regulaciones climáticas, entre otras. El fondo soberano de casi un billón de dólares es el más grande del mundo y se constituyó, justamente, a partir de la explotación de petróleo y gas en el Mar del Norte. Proceso dado bajo comando de la estatal Statoil. Pero la exposición financiera no es el único ángulo de debate en el país nórdico, sino también cómo reconvertir su economía y sobre si es conveniente y ético avanzar hacia el Ártico. En el mientras tanto, Statoil impulsa su internacionalización, hecho que incluye el desembarco en Vaca Muerta.

Lejos de la situación privilegiada que se encuentra Noruega (tanto Neuquén como Nación acumulan deudas externas desorbitantes por caso), lo que a países del sur nos tendría que alertar es la transformación en curso del mercado global de energía. Justamente porque la extracción masiva de fósiles de Vaca Muerta -fruto de la inversión extranjera por venir- es una prioridad para el gobierno argentino. Pero es una esperanza que no termina de concretarse en la magnitud esperada. En el mientras tanto, el Estado, mediante YPF y subsidios a las petroleras (ahora aplicada también para la Cuenca Austral), y los usuarios, mediante el tarifazo, siguen invirtiendo en el megaproyecto. Fenómeno que no deja de tener numerosos impactos en terreno, como el aumento de la conflictividad y configuración del ‘enemigo interno mapuche’. En los últimos días la escalada va en aumento, desde la situación particular de la zona (a la aparición de bombas cerca de pozos le siguió una serie de allanamientos a activistas sociales) a la general en la región (un comunero mapuche fue asesinado por la Prefectura). Con la cumbre ministerial de la Organización Mundial del Comercio y asunción de la presidencia argentina al G20 en ciernes, ratificar nuestros caminos justos y sustentables son necesarios, tanto ayer como hoy. ¡Justicia para Santiago Maldonado! ¡Justicia para Rafael Nahuel!

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Vaca Muerta


Petroleros de Santa Cruz denuncian que Sinopec quiere mudar sus activos a Vaca Muerta

El Sindicato Petrolero Santa Cruz denunció que la desinversión que está llevando adelante la operadora Sinopec en Santa Cruz consiste en retirar prácticamente la totalidad de sus activos y trasladarlos a la cuenca neuquina para participar de la explotación no convencional de hidrocarburos en el yacimiento Vaca Muerta.

“A través de un plan de desinversión planteado por su directorio, Sinopec pretende retirar el 90% de los activos que posee en Santa Cruz con el claro objetivo de participar en el desarrollo del no convencional de Vaca Muerta”, aseguró el gremio que lidera Claudio Vidal.

En tanto, decenas de trabajadores afiliados a este gremio, al igual que los del Sindicato de Camioneros que conduce Sergio Sarmiento, mantuvieron bloqueada ayer la base operativa de Sinopec en Cañadón Seco y también el acceso a uno de los yacimientos de esta operadora, El Huemul.

El conflicto que es uno de los más preocupantes que se registra en la historia petrolera del flanco norte santacruceño, estalló el martes cuando ambos gremios denunciaron que se perderían 800 puestos de trabajo porque la compañía de capitales chinos comunicó a sus empresas contratistas que debían reducir al máximo sus planteles de operarios y de personal superior dado que no iba a seguir operando en yacimientos santacruceños.

Pese a la gravedad de esta problemática, hasta avanzada la tarde de ayer ningún funcionario del gobierno provincial se había expresado públicamente y solamente el comisionado de fomento de Cañadón Seco, Jorge Soloaga, requirió formalmente que se convoque de manera urgente al Consejo Provincial de Hidrocarburos, al tiempo que solicitó la inmediata quita de concesiones de áreas a la operadora.

Soloaga también fue el único funcionario político que ayer se acercó al sitio del principal piquete para dialogar con los trabajadores y ponerlos en conocimiento del rol que había asumido de manera personal.

Avaló la lucha obrera y reiteró que son inaceptables los argumentos que expone el gigante petrolero chino Sinopec Group, ya que altera sensiblemente la paz social en torno a un recurso natural patagónico.

Por otra parte, el gremio de los petroleros convencionales describió que Sinopec cuenta con 1,2 millones de empleados en todo el mundo; refina 4 millones de metros cúbicos de crudo; posee 37.000 estaciones de servicio en el sudeste asiático y desembarcó en Santa Cruz luego de adquirir acciones de Occidental Petroleum Corp.

“Ahora pone en marcha en esta provincia un proceso de venta/retirada, luego de operar durante 6 años –añade-, dejando ver un segundo panorama de desidia ya que anteriormente, en Chubut, abandonó del yacimiento Bella Vista Oeste ubicado en proximidades de Comodoro Rivadavia”.

Precisa además que recientemente intimó vía mail a sus empresas contratistas a que debían “bajar de manera inmediata las distintas cuadrillas” y en el caso de las tienen equipos de torre les ordenó “paralizar las operaciones de perforación, terminación y pullyng, pero además “incurre en un delito al interrumpir todos los trabajos de remediación ambiental”.

El Instituto de Energía advirtió a Sinopec por desinversión

La comunicación oficial de Sinopec es que “agotó el presupuesto” pautado para este año y por eso bajará los equipos. Lejos de aceptar esa explicación, desde Provincia le advirtieron que “tiene que cumplir con los compromisos”. Ayer hubo una primera reunión y se dictó la conciliación obligatoria. Habría un nuevo encuentro la próxima semana.

Tras el anuncio de Sinopec a sus empresas contratistas de la cesación de la prestación del servicio, lo que dejaría a unas 800 personas en la calle, el presidente del Instituto de Energía de Santa Cruz, Jaime Alvarez, contó que hace unos quince días atrás “la operadora informó oficialmente a la Provincia que agotó el presupuesto previsto para este año, razón por la cual bajará los equipos de torres”, lo cual no fue aceptado por las autoridades.

El funcionario señaló que desde entonces se estuvo advirtiendo a la empresa que no podía tomar semejante decisión. “Ellos deben mantener las inversiones y deben mantener los puestos de trabajo más allá del costo del barril”, afirmó el funcionario provincial, algo que repitió ayer por la  tarde en una reunión que hubo en Buenos Aires para tratar de revertir el conflicto.

Para Alvarez, es Sinopec quien debe, internamente, “hacer los ajustes en sus planteos geológicos (de exploración y/o producción) para evitar el impacto en las inversiones o en la mano de obra”.

En declaraciones al programa Café y Noticias, de Radio Al Sur, el funcionario explicó que Sinopec “debe realizar un replanteo como empresa”, admitiendo que hace unos meses se hizo pública la intención de la operadora china de desprenderse de los activos convencionales (como los que tiene en Santa Cruz) o conseguir un socio para ellos y dedicar su esfuerzo inversor al desarrollo de Vaca Muerta. “Si ellos consideran que comercializarán sus activos para invertir en otra parte del mundo, pueden hacerlo, pero antes deben cumplir con los compromisos asumidos legalmente con Santa Cruz”.

La Ley 3.117 plantea, entre otras cosas, la obligatoriedad de la remediación del pasivo ambiental, además del cumplimiento de los planes de inversión, por lo que Alvarez insistió  que Sinopec “debe cumplir con la totalidad de lo firmado y pactado”.

Fuente: El Patagónico/La Opinión Austral

El Extremo Sur


“Somos testigo de los daños del fracking en Patagonia”

Hace un año desde EJES – Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental, realizamos las Jornadas Internacionales Salud, Ambiente e Hidrocarburos No Convencionales en Buenos Aires y Neuquén para poner en común la experiencia y los resultados científicos que prueban que el fracking presenta un riesgo a la salud y al ambiente.

Con una perspectiva de salud socioambiental buscamos realizar un aporte a la comprensión desde el debate. En el marco de esta propuesta recorrimos los territorios afectados con quienes participaron de las Jornadas.

La Dra. Sandra Steingraber (Concerned Health Professionals), la Dra. Kathleen Nolan (Physicians for Social Responsibility) y la activista Colleen Boland (We are Seneca Lake) compartieron su experiencia en la prohibición del fracking en el Estado de Nueva York y registraron lo que analizaron en su visita.

Colleen Boland ha publicado una lista en Youtube “U.S. Delegation Witnesses Harms of Fracking in Patagonia, Argentina – October 25-30, 2016” donde se pueden ver comentarios y entrevistas realizadas por la Doctora Steingraber en la localidad de Allen en Río Negro, en Loma La Lata, Añelo y Vista Alegre en Neuquén.

Acceder a los videos.

Vaca Muerta


EJES N°14 – El fracking en debate

En este número de EJES hicimos foco en la provincia de Mendoza, donde la Legislatura discute un proyecto de prohibición del fracking presentado por asambleas que buscan defender el agua. El mismo objetivo persiguen las organizaciones uruguayas que no confían en la integridad de los pozos exploratorios ya realizados y en cuyo subsuelo se extiende el acuífero Guaraní. Señalamos cómo las empresas internacionales tienen injerencia en la toma de decisiones de las políticas públicas del sector energético que hoy apuestan por el desarrollo del gas. También analizamos la desregulación de los precios de los combustibles y el aumento de las importaciones. En relación a las corporaciones del sector, Pan American Energy y Axion Energy anunciaron su fusión y todos los caminos conducen a los paraísos fiscales.

— Boletín EJES Nº 14 – Octubre 2017 —

En Argentina y la región se registra un derrotero político de creciente violencia. Especialmente sobre aquellos y aquellas que obstruyan el camino del mercado. América Latina ya cuenta con la mayor cantidad de asesinatos en conflictos socioambientales a nivel global, donde proyectos de minería e hidrocarburos son la principal causa.

Hasta dónde llega el Estado de derecho y sus garantías para la población es una pregunta abierta. Hasta dónde el conflicto social será criminalizado, también. En este sentido, la agenda que empujan las empresas sobre Vaca Muerta ha ido virando a medida que obtuvo victorias (subsidios, marco regulatorio y la flexibilización laboral). Si bien cada punto debe actualizarse a medida que las compañías lo necesiten, es ahora donde la infraestructura y los conflictos sociales aparecen como los próximos temas a discutir, tal como señaló hace unos días en Neuquén, el CEO de Shell Argentina Teófilo Lacroze. En ambos casos el sector corporativo no confía exclusivamente en las capacidades estatales.

En cuanto a la infraestructura, la propuesta más clara son los acuerdos público-privados, herramienta que permite una gestión mixta de los activos. Tal instrumento es promovido fuertemente por el ministerio de Finanzas y forma parte de la agenda que discutirá el G20 el año próximo. En relación al  conflicto social (o “bloqueos” como lo denominó Lacroze), la estrategia es más difusa por los altos costos políticos que implica. El desalojo reciente de la comunidad mapuche Fvta Xayen y la reapertura de causas contra Campo Maripe en Neuquén pone en el ojo de la tormenta a las comunidades mapuche. Por lo pronto, la campaña mediática anti-mapuche está creciendo también en Neuquén, foco que ya había priorizado el mismo ministerio de Seguridad a fines del año pasado. Sin brindar cobertura previa, el portal corporativo iProfesional publicó cinco notas (1, 2, 3, 4, 5) en poco más de dos meses y el programa de Jorge Lanata hizo lo suyo en agosto. Una nota en Perfil cuantificó en US$ 60 millones el “costo mapuche”. Las organizaciones mapuche aparecen como preocupantes amenazas para el desarrollo de Vaca Muerta porque según el discurso mediático atentan de forma “cuasi mafiosa” con sus “intereses empresarios”.

Pero no todo se resuelve de forma tan sencilla sino que es producto de los conflictos y la lucha: Argentina tendrá que responder ante la ONU por las implicancias climáticas y de derechos humanos del Megaproyecto Vaca Muerta. Si bien sabemos que el gobierno de Mauricio Macri no es propenso a respetar el marco jurídico internacional de derechos humanos, también sabemos que necesitaremos todas las instancias de protección a nivel nacional e internacional.

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Soberanía energética vs. Capitalismo verde

Ayer presentamos el quinto número de la revista Fractura Expuesta. “Puntos de Fuga” busca sintentizar discusiones en torno a dos modelos contrapuestos para afrontar la crisis energética: por una parte las alternativas de los pueblos, por la otra el modelo neoliberal del gobierno macrista. Compartimos los principales elementos que surgieron en el debate, así como audios y fotos de la jornada. 

La publicación del quinto número de la revista del OPSur tenía como propósito revisar los principales debates que se dan en el segundo año de administración macrista, el denominado “año de las energías renovables”. La apuesta por estas últimas busca enverdecer la política energética, ocultando detrás el modelo privatizador y extranjerizador que viene de la mano con el plan RenovAr. Como parte del mismo paquete de lavado de cara “verde” está el modelo de gestión de los conflictos sociales y ambientales producidos por el extractivismo energético, ahora gestionado desde las propias empresas u ONGs que responden a estas.

Ante esta propuesta oficial se contraponen los discursos populares sobre el sistema energético: diversificación de fuentes bajo un control estatal, con participación de la clase trabajadora, entendiendo a la energía como un derecho humano. En ese marco se dieron los debates entre las y los expositores y el público presente.

La primera intervención corrió por parte de José Seoane, integrante del Grupo de Estudios sobre América Latina y el Caribe (GEAL) y autor de uno de los artículos de la revista. “Una de las novedades que están presentes, es que hay toda una serie de dispositivos dirigidos a construir un tratamiento neoliberal de la cuestión ambiental. Y este tratamiento ha construido un nuevo paradigma a nivel internacional, que es el de la economía verde”, sostuvo en su intervención.

Seoane agregó que se ha querido instalar de que hay dos opciones: o la política negacionista de Trump, que niega el cambio climático o la economía verde. “Y esto es completamente falso. La economía verde es el dispositivo de tratamiento de la cuestión ambiental que promueven grandes sectores del capital europeo y norteamericano. Entonces hay que pensar las alternativas fuera de esta polaridad, y hay muchas, porque los pueblos han construido sus alternativas en la lucha contra el extractivismo”.

Escuchá la presentación de José Seoane

Luego fue el turno de Gabriel Martínez, secretario de Organización de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA). Martínez hizo hincapié en el avance del modelo neoliberal sobre la cultura laboral argentina vinculada al desarrollo de oficios que ordenaban la vida de las y los trabajadores y le deban una expectativa de mejor calidad de vida. “En la década del noventa todo esto se rompe, a través de la entrega a privados de la administración de las empresas públicas y la concesión de los recursos naturales”, señaló.

“Nosotros sostenemos que los bienes comunes en manos privadas constituyen desde el punto de vista social, una política absurda. Fue inventada únicamente para que las empresas tengan tasas de ganancia adicionales. Pero el Estado puede administrar sus áreas petroleras, desarrollar sus empresas de servicios públicos, garantizar el servicio publico y lograr tarifas mucho mas bajas de las que tenemos hoy. Esto sería hacerse cargo y cumplir con el derecho social a la energía“, agregó Martínez.

Escuchá la intervención de Gabriel Martínez

Por último la investigadora Ariana Ortega del Observatorio Petrolero Sur explicó los motivos por los cuales confrontan ambos modelos. De una parte la Soberanía Energética, entendida como un derecho humano colectivo ejercido por los pueblos, con una amplia participación de los y las trabajadoras del sector debido a que estos cuentan tanto con el conocimiento técnico, como con la mirada política social y ambiental. Por otra parte caracterizó al capitalismo verde como “un modelo que habla de la naturaleza y que no incluye a los seres humanos e incluso aparece como opuesta al mundo social. Evidentemente si las propuestas de transición no contemplan la justicia social y ambiental al mismo tiempo, no estamos hablando de alternativas viables ni justas”, sostuvo.

En esa línea se refirió a la implementación de energías renovables en el país, señalando que estas fuentes no significan necesariamente que van a ser más justas, democráticas o sustentables. Esto debido a que el modelo renovable “está direccionado a favor del lucro empresario. Y claro, además el sistema energético está altamente concentrado, es muy inquitativo, poco democrático y contaminante. Si no nos preguntamos ¿Energía para qué y para quién? No vamos a poder hacer una transición justa. El debate sobre energía no es solo de fuentes. Porque como es evidente a esta altura, las soluciones mágicas no existen y este nuevo fanatismo por lo renovable no lleva automáticamente a donde queremos llegar”.

Escuchá la intervención de Ariana Ortega

Escuchá las preguntas del público y respuestas del panel

Descargá Fractura Expuesta

 


Las petroleras del sindicato

El Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Chubut es el único del sector en Argentina que incorporó a su estructura de organización la Secretaría de la Mujer. Su titular, Sirley García, habló con el OPSur de esta experiencia pionera. La charla tuvo sus derivaciones dado que resulta imposible pasar por alto la dura situación que enfrentan las trabajadoras y trabajadores del sector en esa provincia, acosados por la desocupación y la flexibilización laboral. También en ese ida y vuelta de palabras se filtró alguna pregunta sobre el vínculo entre la cuestión ambiental y las condiciones de trabajo.

Foto: El Patagónico.

Por Hernán Scandizzo

La técnica química Sirley García ingresó a la actividad sindical como delegada del laboratorio Epsilon, de Comodoro Rivadavia, y en el período 2012-2016 integró la Comisión Directiva del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Chubut como vocal suplente. “En esa gestión se trabajó mucho para crear un espacio para que las mismas mujeres tuvieran conciencia de que podían reclamar y de que tenían un sindicato que también tenía que mirarlas y atenderlas”, cuenta. De las 12 mil personas afiliadas al sindicato, unas 400 son mujeres que trabajan en distintas áreas de los yacimientos, que hasta entonces permanecían invisibilizadas. “Eso lo entendió la Comisión Directiva, algunos, no todos, pero sobre todo el secretario general Jorge Avila, y en 2013 se incluyó dentro del estatuto y de la estructura gremial la Secretaría de la Mujer”, relata. Desde entonces ella está al frente de la Secretaría, la única que existe en el universo de los sindicatos de esta actividad en Argentina.

“La Secretaría realiza, sobre todo, trabajo gremial”, puntualiza García, y el dato no es menor. “Obviamente tenemos trabajo social, de concientización en violencia y en acoso laboral”, destaca. “Hicimos muchísimas jornadas a raíz de muchos casos que nos llegaban de compañeras que sufrían este tipo de situaciones trabajando en los yacimientos.” También los derechos de la maternidad y los derechos laborales ocupan un lugar destacado en la agenda, “porque se desconocen totalmente los derechos que están en la Ley de Trabajo”.

Hace una pausa y encara al micrófono. “Siempre mirando los recibos de sueldo, porque por ahí, al desconocer sus derechos, las mujeres no reclamaban y había muchos conceptos que le correspondían” y no cobraban. “Tenemos un convenio que tiene muchos conceptos, por ejemplo, de disponibilidad, de guardias pasivas, y siempre para la mujer era como que estaba en discusión si le correspondía. Hacía el mismo diagrama, nada más que en limpieza. ¿Le corresponde la disponibilidad? Entonces había que demostrar que le correspondía, que la disponibilidad no era por la tarea sino por la disponibilidad justamente”.

Corta la enumeración de tareas emprendidas desde la Secretaría y reitera que la principal fue lograr que sus compañeras “puedan ir a la institución y decir: ‘esto también es mío’, porque no iban al sindicato, no había presencia de mujeres en todo el edificio, no existía. “Obviamente que en lo discursivo está la inclusión de la mujer y la igualdad, pero después, en los hechos, no lo ves. Tuvimos contacto con mujeres de [Sindicato de] Camioneros, que también es un gremio muy fuerte acá y a nivel nacional, tenían la Secretaría de la Mujer para tareas netamente sociales o eventos sociales, no las dejaban participar en la parte gremial, ni en la reforma de un convenio ni aportar absolutamente nada. En [el Sindicato de Petroleros] Jerárquicos pasa exactamente lo mismo, hay muchísimas jerárquicas, sin embargo la Secretaría de la Mujer no existe, y las que están como delegadas se ocupan solamente de eventos sociales y nada más.”

Ante ese panorama, ¿qué condiciones se dieron en el Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Chubut para que se pueda desarrollar este proceso?, es una pregunta obligada. “La verdad lo pienso mucho, porque fuimos dos las que empujamos esto, pero creo que teníamos una convicción tremenda de que tenía que existir. Se dio también en la sociedad, en ese momento, como una concientización de que la mujer tiene que estar, y era mal visto que si una mujer pedía, no lo dieran. Eso lo vio el secretario general [Jorge Avila], que estaba en una interna [con Mario Mansilla] y quería ganar.”

Acto de inauguración de la Secretaría de la Mujer. Foto: El Comodorense.

La existencia de la Secretaría y sus líneas de intervención marcan un hito en un gremio integrado mayoritariamente por hombres, que proyecta la impronta del macho petrolero. García recuerda el revuelo que generó al interior de la cúpula del sindicato la adhesión al proyecto impulsado por la entonces senadora nacional Nanci Parrilli (FpV), que proponía el cupo femenino para la actividad. “Al final el proyecto no prosperó, si bien tuvo media sanción de Senadores, cuando fue a Diputados cambió el gobierno y quedó ahí. Alguien tendría que agarrar nuevamente la posta, pero con la situación petrolera de hoy, y con la ideología del gobierno nacional, olvidate”, sentencia.

Flexibilizados/as

“El panorama viene complicado porque hoy [las empresas] tienen el respaldo de un gobierno nacional que las envalentona para despedir, extorsionar”, dispara. “En Chubut se criticó durísimo la adenada que firmó primero [el sindicato en] Neuquén, el secretario general [Jorge Ávila] le prometió a los trabajadores que él jamás sería Pereyra (1), que antes se iba [del Sindicato]… A los tres meses puso el gancho”, subraya.

Eso fue una gran discusión dentro de la Comisión Directiva. Casi la mitad de la Comisión Directiva no estaba de acuerdo, y el secretario general tomó una iniciativa solo, viajó a Buenos Aires y firmó. Hubo muchos sectores que se levantaron. Hubo una asamblea que duró seis horas, que fue durísima con la conducción del gremio. Yo no estuve de acuerdo con la adenda, lo expresé en la Comisión Directiva y lo volví a expresar en la asamblea. De hecho, desde que empezó esta situación hemos tenido cuatro mil despidos, cuatro mil personas menos en la actividad. Y firmamos la adenda y sin embargo Pan American anuncia que va a bajar cinco equipos más. Y firmamos la adenda y Tecpetrol se quiere ir. Y firmamos la adenda y… no les es suficiente, no va a ser suficiente hasta que dejen el número de gente que quieren dejar.

-La fusión de Axion y PAE, el surgimiento de la “principal petrolera privada integrada”, ¿en Chubut no se traduce en inversiones y estabilidad laboral?

No, creo que al contrario, va a ser el poder económico y va a presionar, porque tienen hoy todas las reglas hechas para ellos. A nosotros no nos representa mano de obra, no nos representa absolutamente nada. Creo que es una de las peores épocas en las que se encuentra el trabajador, las estructuras gremiales las han ido desarmando, dividiendo, y también generando en la sociedad un concepto totalmente negativo de lo que es un sindicato, de lo que significa, de lo que representa. Muchas veces la misma sociedad se ha volcado en contra, y el sindicato es la última defensa, porque después de eso no tenés nada. Si vos tenés que ir a negociar con el patrón, estás en desventaja.

Foto: Minuto 1

Ambiente y condiciones de trabajo

El 4 de octubre Sirley García intervino en la mesa redonda Desarrollo sostenible y recursos naturales en la Patagonia: retos y desafíos, realizada en el marco del Taller Internacional organizado por la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y la Universität Kassel. Allí señaló que no está internalizado en los trabajadores el derecho a gozar de un ambiente sano y que es una asignatura pendiente en los gremios del sector. Grabador de por medio, el tema vuelve. ¿Desarrollar esa perspectiva al interior del sindicato, es posible? “Lo veo en un tiempo muy lejano, porque hay que cambiar, primero, la cabeza de la dirigencia. Si el secretario general, si la máxima autoridad de un sindicato no tiene un concepto del medioambiente, del cuidado, de la seguridad, es muy difícil que para abajo se dé. Pienso que esta generación más joven, que por ahí tiene más acceso a las redes sociales y puede tener información de un montón de cosas, pueda ser la que cambien esa visión. El trabajador que hace diez, quince, veinte años o que está a punto de jubilarse, es muy difícil que adquiera una visión de cuidado del medioambiente o del cuidado de su propia salud.”

-¿En el sindicato se establece la relación entre lo ambiental y las condiciones de trabajo?

Se discute, de hecho nuestra estructura gremial tiene la Secretaría de Seguridad y Medioambiente que se encarga de eso, pero hay poca concientización en el trabajador. Tenemos muchísimos casos de personas muy jóvenes con hernias de disco, con problemas en las rodillas, con problemas en la cintura; en los laboratorios tuvimos casos de intoxicación por absorsión de la piel de altos niveles de solventes, que excedía varias veces lo que permite la ley. Pero cuesta muchísimo, la empresa lo primero que te ofrece es plata, no quiere invertir en seguridad, no quiere invertir en remediación, no quiere invertir en capacitación. Y la gente, lamentablemente, no entiende que el dinero no le va a subsanar ni una hernia de disco o cualquier tipo de enfermedad o situación de discapacidad que te genere el trabajo, que es de por vida. Ves los expedientes en la Subsecretaría de Trabajo y la mayoría de los reclamos por seguridad son resueltos con más dinero, con alguna compensación.

Está más presente en las mujeres, sobre todo creo que por una cuestión de que en su mayoría son madres y empiezan a tener esa visión: “Si yo me enfermo, qué le pasa a mi hijo”. En el hombre no existe directamente; “si corro riesgos por este trabajo, quiero más plata.” Se han propuesto algunas alternativas pero no prosperan porque el trabajador no está concientizado de eso, piensa en hacer dinero en poco tiempo y disfrutarlo. Hay un nivel muy alto de consumismo. Las familias en Comodoro, en un momento, tuvieron un alto nivel económico, entonces después hay que sostener ese nivel económico; y eso ha provocado una rueda que no para.

Con diagramas generalmente de 12 horas, ¿cuándo te capacitas? Cuando volves a tu casa te puedo asegurar que te quedan muy pocas ganas de capacitarte. Es una actividad muy dura, de hecho hoy pasa con todos los jóvenes que se han quedado sin trabajo en el petróleo, que tal vez trabajaron ocho, nueve años. No tienen otra cosa, no saben hacer otra cosa. Tampoco el trabajo, ni la jornada, ni los diagramas les ha permitido a ellos ver otras cosas. “Me quedo sin trabajo” es “me quedo sin trabajo y estoy esperando a ver si repunta la actividad para entrar al mismo trabajo”.

-¿Y campañas desde el sindicato?

Han habido jornadas pero no las suficientes. Desde la misma estructura no han habido recursos suficientes destinados a esas cosas, se hacen capacitaciones pero siempre a nivel de los dirigentes, no del trabajador. Porque no se pueden hacer determinadas reuniones, porque hay que cumplir el diagrama de trabajo, porque la producción. ¿Sacar un trabajador un día de un yacimiento? Dentro de los derechos laborales está el derecho a capacitarte, pero la empresa te dice: “No, me tenés que dejar una guardia. Acá no se puede ir todo el mundo…”. Siempre se prioriza la producción.

Pero además es muy difícil, es un gremio muy grande, donde había mucha gente y muchas operadoras. Muy sectorizado también todo, no estamos todos juntos. Por ahí una operadora es más accesible a algo, la otra no. También desde el Estado hay una gran responsabilidad de no cuidar ni a sus trabajadores y mucho menos el medioambiente, no está en agenda, no existe.

Nota:

1 Se refiere a Guillermo Pereyra, secretario general del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Río Negro, La Pampa y Neuquén, que fue el primero en firmar la adenda que flexibiliza las condiciones de trabajo.

Golfo San Jorge


El petrolero, prisionero de la virilidad

La construcción de la imagen de un trabajador capaz de resistir en el yacimiento el clima adverso, el dolor y el desarraigo lo entrampan a los objetivos de productividad y rentabilidad de las empresas. El antropólogo Hernán Palermo analiza el tema con el caso de Comodoro Rivadavia en su más reciente libro.

Por David Mottura

El antropólogo Hernán Palermo cuenta que cada vez que entrevista a un petrolero lo primero que le mira son las manos. Curtidas por el viento, las herramientas y el tiempo, las manos de los petroleros muestran heridas que nunca fueron registradas como accidentes. Y eso resulta positivo para que la productividad en los yacimientos no tenga cortes y beneficia más la rentabilildad empresarial que la salud del trabajador. Porque el petrolero “se la aguanta” y “transpira la camiseta”, puesto que no cualquiera puede estar en el campo y resistir.

La idea de una masculinidad maximizada acorde a los objetivos de productividad es la tesis de Hernán Palermo, quien considera la “masculinidad” como una herramienta más de evaluación por parte de las empresas además de los conocimientos técnicos propios de la industria. Así lo detectó luego de analizar las preguntas que hacen los supervisores y las respuestas de los operarios para llegar al trabajador ideal.

Cuando indago cómo se dan los ascensos, noté que evalúan saberes y aptitudes, y esas aptitudes tienen que ver con esa idea de la masculinidad. Hay situaciones de riesgo que se producen a través de ese imperativo de la masculinidad que es bancarse los golpes, los cortes y demás accidentes que no están denunciados”, cuenta el científico, becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y docente universitario, entrevistado por Dom.

Palermo estudia la autopercepción de los petroleros y las representaciones de la sociedad sobre ellos hace más de 15 años, con continuos viajes a Comodoro Rivadavia. El jueves 14 de septiembre estuvo en la ciudad, esta vez para presentar su libro “La producción de la masculinidad en el trabajo petrolero”, en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), donde muestra sus primeras conclusiones sobre este tema. Es poner la mirada de género en los varones que se desarrollan en una industria muy compleja, demandante y sacrificada.

La construcción de la masculinidad dentro de este orden patriarcal constituye parte de la sociedad capitalista. Cuando uno entra al universo del petróleo en Argentina, hay un proceso de maximización de masculinidad. Se potencia esa masculinidad. Yo intenté pensar cómo las políticas empresarias tienen la necesidad de construir un sujeto petrolero, con disciplina fabril y acorde a los intereses de la producción. Esa disciplina fabril demanda saberes técnico-profesionales, pero también se entronca con la idea de la masculinidad. Es decir, la masculinidad es una herramienta más”, describe.

Los accidentes invisibles

Uno de los entrevistados por Palermo le dijo: “las estadísticas están todas inventadas, acá ocurren accidentes todos los días”. La construcción de masculinidad está orientada a cumplir con los criterios de productividad y que luego tienen consecuencias directas sobre el cuerpo de los trabajadores. Las entrevistas que realizó Hernán Palermo con trabajadores del sector, y que plasmó en diversas investigaciones e incluidas en su reciente libro, son reveladoras.

Un boca de pozo cuenta que se cayó de espalda y se dio un golpe fuerte en la nuca, pero que fue al trailer a tomar agua y volvió al trabajo a los pocos minutos. Un encargado de turno recuerda con gracia cómo se fracturó un dedo y se lo tuvieron que reconstruir en una clínica de Buenos Aires, aunque ahora lo muestra con orgullo. Otro jefe dice que no contrató a un chico muy capaz en su currículum porque lo vio “débil” para el trabajo en el yacimiento.

“Mientras más se arraigue la idea de una masculinidad exacerbada -indica Palermo- a más peligros se expone el hombre. La flexibilidad laboral se monta sobre eso. Ahí hay que hacer un trabajo de reflexión y repensar estos temas, porque no es un trabajador ‘que se la aguanta’ sino que se expone al peligro. Yo entrevisté a muchos petroleros y en el cuerpo se les ven las marcas de este trabajo difícil”.

“Claramente, a las empresas petroleras les da un rédito económico. Un operador de boca de pozo o un enganchador pueden exponerse a mayores riesgos en pos de la masculinidad y así pueden firmarse acuerdos de flexibilización”, remarca el antropólogo. “Ni hablar del consumo de drogas para ser más productivo, un secreto a voces en los yacimientos”.

Para resumir, un fragmento del libro, en la página 97: “la masculinidad contribuye a una ética laboral, a un ideal imposible de trabajador viril y disciplinado que no hace más que aumentar la inmensa vulnerabilidad de los trabajadores frente a la hegemonía empresarial. La virilidad construye un sujeto prisionero de un ethos que los expone a aceptar ritmos acelerados a ocultar accidentes a fin de sostener una actitud que termina siendo una carga”.

Un concepto de Bourdieu

El autor retoma a Pierre Bourdieu en “La dominación masculina” al entender que los hombres son exhortados a ser viriles y fuertes. Todo el tiempo, en especial en el trabajo. Esas aptitudes son modeladas y aumentadas con una disciplina fabril, por lo tanto el supuesto privilegio de la masculinidad resulta en una trampa para caer en los intereses de productividad de las empresas. Terminan siendo prisioneros de la virilidad.

YPF construyó una masculinidad heroica, una masculinidad asociada a la grandeza de la Nación. El hombre que trabajaba en YPF engrandecía a la Nación, y el hombre que moría en YPF quedaba en los anales del bronce como está el monumento a los caídos, como un soldado”, explica Palermo.

Aquella mirada heroica del operario que “hace patria” fue importante para la historia de YPF desde su fundación en 1922. Los monumentos a la masculinidad petrolera pueden encontrarse en cualquiera de las ciudades donde la gigante estatal tuvo presencia, siendo uno muy particular el Gorosito en la localidad santacruceña de Caleta Olivia. “Es un monumento que muestra a un operador de campo que da cuenta de fortaleza, de virilidad, de hombría”.

Posprivatización, esta masculinidad heroica cambia porque la idea del trabajo deja de tener esta connotación vinculada a la Nación sino que pasa al managment privado”, añade Palermo. Algunas premisas cambian con luego de la privatización de YPF y el nuevo rol preponderante del sector privado, pero la masculinidad maximizada sigue siendo una clave para la lógica empresarial.

La disciplina fabril en la casa

Lo que sufre el petrolero no es exclusivo, sino que puede verse en otros ámbitos laborales, pero tiene sus características que lo diferencian y una de ellas es los largos periodos fuera de casa. Palermo habla de la “cotidianeidad discontínua” al respecto de las extensas jornadas laborales o los periodos lejos de sus casas y familias. Cuando vuelve a la ciudad, se sienten ajenos. “Llegan al punto de que sus hijos y esposas los retan, se quejan de sus acciones. Por ejemplo, los que trabajan en perforación y tienen problemas auditivos suben el volumen de la televisión y los hijos les dicen ‘papá, molestás’”, comenta Palermo.

“La masculinidad no es una sola, son muchas de acuerdo al contexto donde se sitúen. Una es la masculinidad en el pozo de petróleo, en un mundo de varones en donde se maximizan los códigos vinculados a la resistencia, la fortaleza y la virilidad. Y cuando vuelven a sus casas tienen una masculinidad infantilizada”, plantea el antropólogo. La identidad que forjó en el campo no la puede mostrar igual en el hogar o la ciudad. Algunos entrevistados dijeron que se sentían “sapos de otro pozo”.

Más allá de los problemas personales y de identidad que puede pasar el trabajador, la lógica empresaria se inmiscuye en la vida familiar. Todos los integrantes saben que ese varón viene cansado, que debe reponer energías y despertarse temprano, por lo que ayudan para que descanse y vuelva al campo. Sus compañeras, además, tienen el rol de administradoras de la economía familiar y llevan un registro de los gastos.

Una división sexual del trabajo. Mientras los hombres producen dinero, las mujeres lo administran. Esto es producto de la simplificación de la sexualidad que hace la sociedad occidental y el capitalismo, donde lo binario domina y culturalmente existirían sólo hombres y mujeres cumpliendo estereotipos.

Laboratorio Comodoro

Hernán Palermo es antropólogo y en los años 2000 y 2001 empezó a escuchar sobre lo que significaba YPF en Comodoro Rivadavia y toda la cuenca del Golfo San Jorge. A partir de ahí, Palermo empezó a estudiar la memoria de YPF y cómo la empresa estatal ocupó el territorio, impuso códigos y colaboraba con el desarrollo con una mirada paternalista. Luego, volcó su mirada a la cuestión de género desde la perspectiva de la masculinidad y qué significaba ser hombre para los petroleros.

La relación de Palermo con la ciudad y sus investigadores hacen de Comodoro Rivadavia un laboratorio para las ciencias sociales sobre temas de trabajadores. Las distintas disciplinas que abordan el complejo mundo de los petroleros explican temas profundos, como la desigualdad.

“Esta investigación me hizo revisar mi propia construcción de la masculinidad. Hace dos años tuve una hija y mis amigos me dicen ‘vas a andar con la escopeta echando hombres’, y la verdad es que uno va a buscar las herramientas para que ella pueda cuidarse, elegir y defenderse. De hecho, mi compañera está embarazada de otra nena, y lo que escucho es ‘te van a volver loco’. Es una idea de que muchas mujeres atentan contra el varón”, dice Palermo.

Durante la presentación del libro, el antropólogo Palermo consideró que la masculinidad y sus vertientes tienen que ser discutidas en las organizaciones sindicales. La masculinidad tiene que ser reflexionada para que no sea contraproducente para los petroleros con el recorte de derechos, algunos vinculados a la seguridad en el trabajo, y que una imagen de “operario resistente a todo” termine por beneficiar únicamente a las empresas.

Petroleros Jerárquicos: “Ningún trabajador se la va a jugar jamás por parecer más macho”

David Klappenbach es secretario de prensa del Sindicato del Personal Jerárquico del Petróleo y Gas de la Patagonia Austral, con una trayectoria laboral en el sector con enfoque en recursos humanos y seguridad laboral. ¿Qué opina de la tesis del antropólogo Hernán Palermo acerca de que una autopercepción de virilidad maximizada expone a los trabajadores a peligros en los yacimientos? “La idea de ‘machito petrolero’ no existe, hoy en el campo lo que prima es la seguridad. Jamás alguien va a resignar aspectos de seguridad”, le dice a Dom.

La actividad petrolera está sumamente tecnificada, hay que estar permanentemente capacitado. Hay mucha capacitación y el trabajador tiene que tener eso incorporado porque maneja equipos que no sólo valen millones de dólares, sino que potencialmente pueden ocasionar consecuencias ambientales y de salud. No obstante, es bajísimo el índice de accidente en la cuenca del Golfo”, describe el responsable de prensa del sindicato a cargo de José Llugdar.

Esto no es el servicio militar, acá no hay que demostrar ni subordinación ni valor, ni convertirse en un kamikaze para sacar más caños. Hace más de diez años que murió esa mirada por la concientización de todos los gremios y de explicarle al trabajador de que debe lealtad laboral al empleador dentro de lo que marca la legalidad”, menciona.

Bajo ningún punto de vista los trabajadores somos accionistas de la empresa, ningún trabajador se la va a jugar jamás por parecer más macho, por la masculinidad para demostrar frente a sus compañeros. Al contrario, y voy a usar lenguaje vulgar, pero son los mismos compañeros los que le advierten ‘qué hacés pelotudo, qué hacés que no estás enganchado’ o ‘qué mierda hacés laburando con ese viento’. No sólo de los Jerárquicos, sino de los gremios hermanos que por suerte tiene cada vez más gente metida en temas de seguridad”, detalla.

“La actividad petrolera, y me refiero al tipo que está en el campo, en el equipo, en la plataforma, tiene sus dificultades y tenés que tener un perfil físico, un perfil psicológico ¿No es para cualquiera? Y no. Son más los que entran y después se van, que los que entran y permanecen. Hay gente que no respetó los procedimientos laborales o faltaron a trabajar, esos no duran mucho”, comenta Klappenbach. Además, destaca los controles a nivel de salud laboral y la concientización sobre el consumo problemático de drogas o alcohol.

Edda Crespo: “Se abre una línea de estudio muy necesaria”

Dom consultó a la historiadora Edda Crespo sobre el impacto que tendrá la obra del antropólogo Hernán Palermo, puesto que el tema toca áreas naturalizadas por el universo petrolero. En consonancia con Palermo, Crespo considera que esta reflexión tiene que llegar a todos los ámbitos de trabajo, no sólo a los yacimientos.

Hay que prestar atención que cuando los hombres hablan de su masculinidad están metidos en un universo exclusivamente masculino. Una homosociabilidad, dice Hernán. Los hombres tienen incorporada esta noción de que las mujeres están subordinadas y que no hacen nada relevante de lo que valga la pena hablar. En el mundo de las petroleras, protagonismo femenino no hay entonces es referencia obligada hablar de los compañeros, de los jefes”, explica.

Ahora cuando los petroleros salen a la esfera doméstica empiezan sus complicaciones porque ahí son ellos rodeados de un entorno familiar donde hay integrantes femeninas. No tienen forma hacia el interior del hogar de hacer referencia de su vida cotidiana en el mundo del trabajo, donde mayoritariamente son hombres”, subraya.

No sólo una mirada configurada donde las mujeres son subordinadas tiende a consolidarse, también una jerarquización que subordina a unos varones sobre otros aparece con fuerza en los trabajos antropológicos sobre el mundo del trabajo. Justamente, las bromas entre compañeros, “el derecho de piso” o la violencia laboral a veces pasan límites shockeantes.

“Ya desde el siglo XIX -comenta Crespo- investigadores se habían preocupado en cómo dentro de los términos del capitalismo se pensaba la lógica del productor en términos sexuales: será más productivo el que demuestre mayor virilidad. En la versión de la historiografía francesa ‘virilidad’ es el equivalente de ‘masculinidad’ en la tradición antropológica anglosajona, pero el fenómeno es el mismo”.

“Las condiciones de trabajo son excesivamente riesgosas, y particularmente creo que tienen que estar bien pagas porque son extremas, pero eso lleva a una reproducción en la esfera doméstica porque se dice ‘si no lo cuidamos, no sobrevivimos’. Es un bienestar que en otras áreas económicas quizás no se tiene”, comenta la historiadora, docente e investigadora de la UNPSJB.

“Me parece que abre una línea de investigación muy necesaria de desarrollo, y daría cuenta que no está presente sólo en el mundo vinculado al petróleo sino que en cualquier otra actividad tienen una lógica bastante similar”, agrega.

[Publicada originalmente en la revista DOM, del diario Crónica, de Comodoro Rivadavia, el domingo 8 de octubre de 2017]


Fetera: La energía, un derecho que construye soberanía

El surgimiento y desarrollo de la FeTERA está lleno de simbolismos clasistas que la constituyen. En su declaración de principios establece que la clase obrera es un elemento básico de la generación del capitalismo y que el movimiento obrero es una “necesidad ineludible” para transformar este sistema. Por esto, promueve instancias como la solidaridad y la creación de una fuerza propia para construir “un país que merezca ser vivido por todos”. ¿Cómo se construye ese país?, es la respuesta que buscamos desde la perspectiva de los y las trabajadoras de la energía.

Por: Felipe Gutiérrez Ríos*

La Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA), que agrupa a espacios de base de distintas ramas del sector, es probablemente la organización más dinámica en la demanda por el derecho a la energía en el país. Maduró su debate político en el contexto de la pérdida de ese derecho, durante la cruda década neoliberal con Carlos Menem en la presidencia del país. Desde entonces, año tras año, forma parte de la discusión pública en torno a los precios y el control de la energía, desarrollando propuestas como la tarifa social. Por eso su demanda se transformó en bandera: hoy levantan, en el país y la región, la discusión por una soberanía energética que parta desde la perspectiva de los Derechos Humanos. Aquí su historia y sus debates, en la voz de dos de sus principales referentes, José Rigane, secretario general, y Gabriel Martínez, secretario de Organización.

Un nuevo modelo sindical

El nacimiento de la FeTERA está íntimamente ligado al quiebre producido en el sindicalismo durante el primer gobierno de Carlos Menem. En ese marco un sector, principalmente de trabajadoras y trabajadores estatales y de la educación, forman la CTA, que nace en 1991 como Congreso de Trabajadores Argentinos, y se transforma en Central de Trabajadores Argentinos, después. En dicho quiebre hacen explícita la búsqueda de un nuevo modelo sindical, que confronte el apoyo que la Confederación General del Trabajo (CGT) le entregaba, por entonces, a las políticas neoliberales, y que pudiera constituirse como un movimiento político y social. La cientista política María Silvana Gurrera, que estudió la constitución de la Central, sostiene que la idea de este nuevo modelo sindical se basaba en cuatro prácticas fundamentales: autonomía respecto del Estado, patrones y partidos; democracia sindical expresada a través de la elección directa de las autoridades; apertura a nuevos sectores de la sociedad por fuera de los gremios; y revalorización de la ética gremial en contraposición con el “viejo sindicalismo” (Gurrera 2012: 212).

Recordando ese período Gabriel Martínez se­ ñala que “el sindicato único había facilitado el desarrollo de las políticas neoliberales y buena parte de las organizaciones sindicales más grandes se habían asociado a los procesos de privatización y extranjerización”. “Los trabajadores que entendíamos distinto la cosa, comenzamos a organizarnos de una manera independiente de los que estaban claudicando, creando una conceptualidad nueva que viera al sindicalismo como parte integrante de la sociedad y no como una herramienta a utilizar dentro del mundo del trabajo”, subraya. “Es decir que la clase, ya no los trabajadores en relación de dependencia, la clase, tenía que buscar una articulación con todos los sectores para enfrentar a un enemigo que era mucho más grande que un patrón”. Martínez enfatiza en que en el surgimiento de la CTA se juntan conceptos traí­ dos de la experiencia de la CGT de los Argentinos (1968-1973) con elementos nuevos, propios de la crisis neoliberal.

En el marco de ese proceso, y en el esquema de crecimiento de CTA en nuevos sectores, es que nace la FeTERA, formalmente en noviembre de 1995. Creada por una diversidad de sindicatos como Luz y Fuerza Mar del Plata, Santa Cruz, Zárate y La Pampa; trabajadoras y trabajadores estatales (ATE) de sectores como el carbón (Río Turbio) y nuclear; Gas del Estado de Capital Federal, de la represa de Salto Grande y ex ypefianos (desocupados y desocupadas de YPF).

Las y los trabajadores de la energía como sujetos políticos

Las políticas neoliberales de Menem golpearon con especial fuerza a los y las trabajadoras de la energía cuyas principales empresas fueron desguazadas, divididas y finalmente privatizadas. Este proceso ocurrió en los distintos segmentos del sector, tanto en generación como transmisión y distribución, dejando a miles de personas en la calle. Mientras una porción mayoritaria de estos se transformaron en desocupados, otros puestos de trabajo fueron reconvertidos a la subcontratación, con la consiguiente pérdida de derechos laborales (1) .

“Nuestro objetivo entonces era nuclear a sectores que salieron a enfrentar la pérdida de patrimonio público y la privatización de las empresas de Estado”, señala Martínez. “Pero también nos dimos la estrategia de representar trabajadores activos, jubilados y desocupados. Esto llevó a organizarnos dentro del ámbito de las organizaciones de trabajadores, con una política diseñada para articular con todos los sectores de la sociedad, reconociendo a nuestros compañeros que habían quedado sin trabajo como parte de la organización sindical, cosa que a algunos aún les cuesta”.

La FeTERA se caracteriza, entonces, por ser una organización de segundo grado que reúne no solo a sindicatos, sino también a otras figuras, como agrupaciones y a la afiliación individual. Además, los orígenes de estos espacios son de diversas ramas del sector. Se busca así la construcción de una nueva figura sindical: las y los trabajadores de la energía. Martínez considera que a través de la Federación lograron crear este nuevo modelo de representación sindical, no sin complejidades, “cuando un trabajador de Luz y Fuerza se integra con otros trabajadores de Luz y Fuerza en usinas o empresas que transmiten alta tensión o distribuidoras, tienen un lenguaje común o un convenio colectivo común que hace que se sientan pares, aunque no se conozcan desde antes”. “Ahora, cuando encontrás en un mismo lugar a trabajadores del gas, de la electricidad, química, carbón, nuclear; no hay pasado común, no hay una historia que los entrelace. Entonces tenés que empezar a crear una nueva historia, la historia de la convivencia en un ámbito de construcción nueva. Desde ese punto de vista, la FeTERA es un experimento sindical que ha sobrevivido ya veinte y pico de años”, comenta.

Un dato no menor es la baja afiliación de gente del sector petrolero en la Federación. Al respecto, su secretario de Organización, explica que se debe a que esos trabajadores y trabajadoras están empleados prioritariamente en empresas privadas, que ven con temor la lucha contra la privatización que lleva adelante la FeTERA.

La energía entendida como derecho

Hay un proceso en particular liderado por Luz y Fuerza de Mar del Plata que determinó y constituyó el ADN de la lucha de la Federación. Hacia finales de la década de 1990, a los masivos despidos en el sector, en esa ciudad se sumaron los cortes de luz y agua, así como la quita de los medidores, lo que generó una alta conflictividad en algunos barrios, que incluía piquetes y barricadas para impedir los cortes del suministro. Ante esto, los gremios promovieron la creación de multisectoriales que levantan una propuesta de reconexión de los hogares sancionados y la creación de una tarifa social. Después de años de negociación, esta fue aprobada en la provincia de Buenos Aires, estableciendo rebajas de tarifas de un 40% (llegaba hasta un 50% con la quita de impuestos) en las casas con consumo menor a 150 kwh mensuales (2).

Escuela de Formacion Agustín Tosco de Fetera (2014) / Agencia CTA

“Nosotros empezamos a dar este debate cuando comenzamos a sentir la pérdida del derecho a la energía, a finales de los ‘80. En ese ámbito surge el concepto de la tarifa social. Comenzamos a buscar las relaciones institucionales y sociales que llevaran a contar con un cuadro tarifario que incluyera una tarifa especial de carácter social”, sostiene Martínez. Un volante de la época valora así la importancia de la ley. “La Tarifa Social es un avance surgido de la conciencia social de los hombres y mujeres que sufrimos la derrota económico-ideológica de la privatización. Sobre la base de reconocer la energía como un derecho humano es que se comienza a recorrer el camino de construcción de la Tarifa Social.”

“Esa ley se ganó, está vigente y garantizó la energía eléctrica para muchísimos que no podían pagar. Donde el valor subsidiado de la energía no lo paga el Estado, sino que son las mismas empresas que resignan ganancia para garantizar el servicio público. Así, el concepto de que la energía es un derecho, es un bien social, nació en medio de la crisis que va desde el ´99 hasta previo el 2001, a medida que iban creciendo las condiciones sociales para el crack que se dio después”, valora Martínez. Por su parte José Rigane sostiene que ese proceso fue un hito para entender la desmercantilización de la energía. “La energía resulta insustituible. Se puede sustituir un paquete de fideos, podes comprar un kilo de papas o arroz; pero la electricidad, el agua y el gas no lo podes sustituir, es imprescindible para la vida. Y sin esa energía no hay vida digna y, como se trata de un bien social, de la misma manera tenemos que es un derecho humano. Pero este modelo contempla a la energía como un instrumento para tener ganancia por parte de las empresas multinacionales de la manera más rápida. Tiene como objetivo sustancial tratar la energía como un commodity, como una mercancía, a la que no reconoce como un derecho o bien social”.

Un sistema en crisis

La FeTERA coincide con el diagnóstico común de que el sistema energético está en crisis. Esta es una afirmación que aparece transversalmente a todos los sectores políticos del país, sin embargo cada uno pone el acento en causas distintas. Por ejemplo, el relato oficial del gobierno kirchnerista establecía que la responsabilidad estuvo en el proceso neoliberalizador de los ‘90, mientras que el macrismo culpa a la pesada herencia kirchnerista. Por su parte Rigane sostiene que “ha fracasado y está en una profunda crisis el modelo energético basado en la privatización y, fundamentalmente en la extranjerización, que responde a los intereses del sistema capitalista”.

¿De dónde proviene esta crisis? Para Martínez, “la pérdida de soberanía energética no se da en 1989, sino que viene de todo el proceso anterior, de decadencia, que termina privatizando, arrebatando la energía de la administración social”. Rigane complementa, “la entrega comenzó con la dictadura militar, pero luego tiene continuidad en la democracia, que es lo peor que nos sucede. Esto termina demostrando que esa democracia es profundamente formal, es profundamente burguesa y que además, al ser una democracia no participativa, no está convocado a la gente a decidir sobre los problemas más importantes y significativos. Es una demostración de que los argentinos perdimos soberanía y somos incapaces de poder decidir precisamente sobre los temas más importantes”.

El secretario general de la Federación considera que la clave en esta crisis está en la pérdida del control social de la energía. Esto se ve, por ejemplo, en la extrema dependencia de los hidrocarburos en la matriz energética, lo que no sólo la hace muy contaminante sino también altamente dependiente, debido a la necesidad de importar gas. “Lo cierto y lo lógico es que tenemos que tender hacia una matriz diversificada, pero eso solamente lo puede hacer un pueblo que recupere la soberanía, para después discutir qué es lo que nos conviene desarrollar. Este es un debate que no se termina de entender en la gran urbe capitalina, donde no se ve ni se siente lo que es capaz de provocar el extractivismo y sus consecuencias nefastas para el pueblo argentino. Entonces está muy claro que la diversificación de la matriz energética viene de la mano de recuperar la soberanía popular. Y si recuperamos la soberanía energética, seguramente los argentinos nos vamos a dar una matriz en la que tengamos una compensación de energías alternativas”, sostiene Rigane.

¿Cómo entiende, entonces, FeTERA la soberanía energética? Martínez responde: “para nosotros está relacionada directamente con la apropiación social de los recursos energéticos y de la capacidad de transformación para su conversión en servicio pú­ blico. La soberanía tiene que ver con la aparición de un actor colectivo permanente, no asociado a las coyunturas políticas, que tiene que laburar un proyecto de utilización y desarrollo. Y que tiene que garantizar a las generaciones que vienen su disfrute”.

Yendo a la propuesta concreta de FeTERA para pensar una transición a la soberanía energética, Rigane sostiene una agenda de cuatro puntos: “la primera decisión tendría que ser suspender todo tipo de exportación de petróleo: no tenemos petróleo para abastecer el mercado interno, no tenemos por qué exportar. Segundo, declarar servicio público todo lo que es servicio público y que hoy no está declarado: la transmisión, generación y la distribución de energía. Tercero, una intervención del Estado con poder de decisión para la planeación y ejecución de la política energética que tenga como objetivo resolver el problema del acceso de todos los ciudadanos argentinos a la energía. En esa línea, comenzar a planificar algo que no se resuelve de un día para otro, que es el tema de la diversificación de la matriz energética. Y luego una integración de carácter regional en función de los intereses y la necesidad de los pueblos, no de los gobiernos, y menos aún de los grupos multinacionales. En términos energéticos esto resulta imprescindible”.

Martínez, por su parte, hace hincapié en el control de los servicios públicos. “Nuestra propuesta no es volver al tipo de administración de servicios públicos que teníamos antes de 1989, cuando se pensaba que era del Estado, y por lo tanto lo administraba el gobierno. Ni tampoco a lo que se pensó después, cuando era de los concesionarios, y por lo tanto lo administraban las empresas. No hay un punto donde se piense que el control de la energía es de la sociedad, que va más allá de los gobiernos y de los intereses privados. Ahí el Estado tiene un rol, pero la sociedad tiene que ser garante de que las futuras generaciones no se van a encontrar con Repsol administrando”.

Una vuelta al comienzo

El panorama político es hoy mucho más parecido al de la fundación de la FeTERA. Si la discusión energía como derecho o como mercancía no estuvo saldada durante el kirchnerismo, el gobierno empresarial de Mauricio Macri inclinó toda la balanza en favor de la mercantilización. Su mayor expresión fue el tarifazo: un brutal aumento de los servicios para sostener los altos márgenes de rentabilidad de las compañías del sector, bajo un discurso antisubsidios. Para Martínez lo que se terminó implantando mediáticamente fue un falso debate, “este gobierno te hace discutir entre tarifazo y aumento gradual y nosotros decimos ‘ni una cosa ni la otra’”. “Para nosotros el tarifazo es una consecuencia. La causa es el modelo energético. Y si nosotros no cambiamos la causa, los efectos van a continuar”, agrega Rigane.

Martínez sostiene que esa modificación del modelo tiene que ir en función del aprovechamiento social de la energía. “¿Para qué quiero empezar a exportar energía? No me interesa. Yo quiero la energía para desarrollar puestos de trabajo, tecnología propia, proyectos de desarrollo, una democracia fuerte y participativa, universidades que desarrollen centros de ciencia y tecnología, etc. Lo que tenemos que hacer es plantearnos qué tipos de desarrollos industriales hacen falta para que mi sociedad viva mejor y qué nuevas formas de participación democrática nos podemos dar en camino hacia estadios superiores, donde el socialismo esté contemplado”.

 

*Investigador del OPSur

Este artículo fue publicado en la edición Nº5 de Fractura Expuesta. [Descargar revista]

Fuentes

(1) Hernán Palermo (2012) cifra en 35.689 los despidos sólo en YPF. Esto provocó una alta conflictividad social, cuyo punto máximo fueron las puebladas de Cutral-Co y Plaza Huincul que vieron nacer a un/a nuevo/a sujeto/a: las y los piqueteros, que lograron frenar el intento de atomización de las y los desocupados por la vía de los despidos.

(2). Más información sobre la historia de la Ley 12698 de la Provincia de Buenos Aires, está desarrollada en el artículo La Historia de la Tarifa Social, disponible en la página de FeTERA.

Artículos consultados

Gurrera, M. S. (2002). Protesta, conflicto sindical e identidades políticas: la Central de los Trabajadores Argentinos en los años noventa. Informe final del concurso: Movimientos sociales y nuevos conflictos en América Latina y el Caribe. Buenos Aires.

Palermo, H. M. (2012). Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF. Grupo Antropología del Trabajo. Buenos Aires.

Soberanía Energética


Petróleo, trabajo y sociedad en la Patagonia Argentina

por Natalia Barrionuevo / Stefan Peters

Los recursos naturales están nuevamente en el centro del debate público latinoamericano. Con base en la expansión e intensificación de un modelo de desarrollo basado en la explotación de recursos naturales, la región vivió entre 2003 y 2013/14 una bonanza económica con altas tasas de crecimiento y -muchas veces bajo gobiernos progresistas– reducciones importantes de las tasas de pobreza así como mejoras palpables de la distribución del ingreso. El llamado (neo)extractivismo se convirtió –hasta su colapso rápido en el contexto de la fuerte caída de los precios de los commodities a partir de 2013/2014– en un modelo políticamente exitoso que a su vez causó un sinnúmero de reflexiones en foros de movimientos sociales, conferencias y publicaciones de índole académico-político e investigaciones académicas. Estos debates se concentran mayoritariamente en dos líneas: i) las consecuencias socio-económicas del modelo reflejadas en índices de desarrollo, así como ii) los pasivos ambientales de la extracción de materias primas y los conflictos socio-ambientales relacionados a los proyectos extractivistas. El presente dossier, por un lado, retoma estas discusiones en el análisis de diferentes casos de la extracción de hidrocarburos en la Patagonia Argentina. Por otro, busca ampliar el debate hacia dos temas que en las reflexiones recientes sobre el (neo)extractivismo en América Latina han tenido menos envergadura: las consecuencias socio-culturales de la extracción de materias primas a nivel local, y las particularidades del trabajo y de las relaciones laborales en los enclaves extractivos. Además, los artículos reunidos en este dossier tienen en común que no se restringen al análisis de la coyuntura sino que buscan interpretar los fenómenos actuales a nivel económico, social, político y cultural a la luz de la larga tradición e historia de la explotación de materias primas en la región.

La Patagonia Argentina ofrece una variedad de casos emblemáticos para discutir empíricamente los diferentes nexos entre petróleo, trabajo y sociedad. Si bien es cierto que la Patagonia es mucho más que petróleo y recursos naturales, cabe destacar que buena parte de los recursos hidrocarburíferos de la Argentina se extraen de tierras patagónicas y que buena parte de la Patagonia está claramente marcada por la extracción del ‘oro negro’. Aunque en contraste a países como Ecuador o Venezuela, Argentina no es un país petrolero, no hay que subestimar la importancia del recurso para la economía, la sociedad y la política del país. La entonces presidenta de la República Cristina Fernández de Kirchner lo dejó en claro al responder a demandas de pueblos originarios y afirmar que “no podemos dejar […] de sacar el petróleo porque lo necesitamos para poder desarrollarnos, para poder vivir” (cit. p. Scribano y Machado Araoz, 2013: 15). No obstante, la misma extracción y especialmente la explotación de hidrocarburos no convencionales a través del fracking también han causado fuertes polémicas y resistencias por parte de movimientos sociales, indígenas y ambientalistas. En términos generales, podemos constatar que hay una extraña tensión entre un amplio apoyo a la extracción del petróleo, la defensa de la industria y las fuentes laborales en tiempos de crisis como los que atraviesa el sector petróleo en la actualidad, e incluso la construcción de un orgullo y una identidad local en torno a la extracción del petróleo por un lado; y la denuncia de una serie de consecuencias negativas relacionadas con la presencia de la industria extractiva a nivel local, junto a fuertes resistencias especialmente en contra el fracking como podemos observar en el caso de Vaca Muerta o de la comunidad mapuche de GelayKo, ambos ubicados en la provincia de Neuquén (Savino, 2016; véase también la contribución de Bernáldez a este dossier).

El presente dossier se plantea contribuir a una radiografía de las interrelaciones entre petróleo y sociedad en la Patagonia. El proyecto nació a lo largo de 2015 en el marco de cooperaciones académicas entre el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Patagoniade la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco en Comodoro Rivadavia, y su Programa de investigación Petróleo y desigualdades sociales en la Cuenca del Golfo San Jorge, el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad de Kassel. En esta última institución, el dossier se enmarca en el International Center for Development and Decent Work y su línea de investigación sobre extractivismo, que puso en relieve una serie de intereses y preocupaciones compartidas y complementarias en torno a la comprensión de las relaciones entre el petróleo y los vínculos sociales en sociedades marcadas por la extracción de hidrocarburos. En base a estos puntos de partida, se hizo una convocatoria abierta a artículos que dio múltiples respuestas, hecho que demuestra el fuerte interés académico en el tema.

Como primer resultado de esta cooperación ofrecemos en el presente dossier ocho artículos que abordan desde múltiples perspectivas y con diferentes entradas teóricoconceptuales el tema petróleo, trabajo y sociedad en la Patagonia Argentina en clave subnacional, enfocándose en las ciudades de Comodoro Rivadavia (Chubut) y Catriel (Río Negro), y las provincias de Neuquén y Chubut. A partir de abordajes multi e interdisciplinarios, se proponen análisis teórico-empíricos tanto desde la perspectiva de las estructuras sociales como desde los actores y grupos involucrados, que vinculan tradiciones teórico-metodológicas cualitativas y cuantitativas. Los artículos que lo componen se preguntan por las diversas interrelaciones entre el petróleo y las dinámicas sociales en contextos urbanos de la Patagonia bajo los ejes de problemáticas medioambientales, acceso y apropiación de la tierra y el hábitat, relaciones de género, y particularidades regionales del rentismo. Pero las propuestas que aquí presentamos no sólo responden interrogantes a la vez que formulan nuevos, también dialogan entre sí en torno a los sentidos en que el petróleo moldea las relaciones sociales y las relaciones naturaleza/ sociedad generando diversas desigualdades (ambientales, de género, de clase, en la distribución de la renta) que implican relaciones de poder particulares. Con el foco en procesos de identificación, dominación, resignificación y resistencia, los autores dan cuenta de mundos complejos en los que intervienen el Estado, el mercado, las empresas y los trabajadores como actores destacados. La pregunta por la construcción de consensos en torno a una cultura del petróleo sobrevuela –de manera más o menos explícita aunque no por ello menos evidente- los diferentes escritos, lo que interpela a pensar en formas de desafiarla en pos de garantizar derechos sociales y ejercicios plenos de la ciudadanía a la vez que la construcción de sociedades más sustentables.

Luego de esta presentación, los artículos se inician con la contribución de Brígida Baeza y Magali Chanampa que analizan cómo los problemas medioambientales que conlleva la actividad petrolera son naturalizados por la población comodorense. En base a ejemplos históricos y actuales demuestran cómo la contaminación causada por el petróleo forma parte de la cotidianeidad de los habitantes de la principal ciudad de la provincia del Chubut. El punto central del artículo de Baeza y Chanampa es el tema de la contaminación del hábitat en relación con las desigualdades socio-espaciales. Las autoras discuten especialmente las consecuencias de la contaminación en los barrios caracterizados por ‘tomas de tierra’ y, a partir de esos casos empíricos, desarrollan las dificultades para desnaturalizar los daños ambientales y el proceso de sacralización del petróleo como barrera a la conciencia sobre los problemas ambientales en la sociedad petrolera de Comodoro.

A continuación Joaquín Bernáldez discute, desde una perspectiva de la ecología política, las consecuencias socio-ambientales de la extracción de hidrocarburos en la provincia de Neuquén. El artículo debate los principales planteamientos de la ecología política haciendo hincapié en tres puntos clave: la interdependencia entre naturaleza y sociedad; la politización de las relaciones naturaleza-sociedad; y el compromiso académico con la reapropiación de la naturaleza. Basándose en estas categorías analíticas Bernáldez se acerca al análisis de sociedades extractivistas en general, para luego presentar entradas más concretas a líneas de investigación en torno a la ecología política de los conflictos sobre el fracking en la provincia de Neuquén.

Posteriormente el artículo de Laura Mombello nos lleva a otra localidad petrolera de la Patagonia: la ciudad petrolera de Catriel, en la Provincia no-petrolera de Río Negro. Sin embargo, su artículo no se restringe a la investigación de las consecuencias de la larga historia de explotación petrolera en la ciudad, sino que ofrece un análisis multiescalar. Esta perspectiva metodológica-conceptual le permite discutir los procesos sociales de la ciudad de Catriel en relación con factores a nivel provincial, nacional e internacional. Mombello debate estas interrelaciones y tensiones entre las diferentes escalas con un enfoque en los derechos (adquiridos y naturalizados) a la explotación y al usufructo de las riquezas de la naturaleza.

El siguiente artículo de Santiago Bachiller presenta resultados de un trabajo etnográfico en los asentamientos conformados por tomas de tierras en Comodoro Rivadavia, reparando en las particularidades del caso a la vez que enmarcando el fenómeno en formas latinoamericanas de producir espacio urbano. El autor sostiene que ese fue el modo histórico de conformación de la ciudad, marcado por la extracción de petróleo. A lo largo del texto rastrea las dificultades históricas de los sectores populares locales en el acceso legal a la tierra, repara en la gestión gubernamental de acceso al suelo y analiza el rol del mercado inmobiliario/ constructor en tanto agente expulsor. Finalmente retoma algunos discursos de los protagonistas de las tomas vistas como alternativa, y reflexiona en torno a la necesidad de imaginar nuevas políticas urbanas.

También basado en investigaciones empíricas en Comodoro Rivadavia, el artículo de Natalia Barrionuevo busca reconstruir, a partir de un estudio etnográfico, algunas formas de legitimación de las desigualdades de género en un contexto de desigualdad de clase signado el trabajo petrolero. La autora repara en las formas en que esas desigualdades se actualizan en contextos recientes de post-privatización de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales), y persisten –a la vez que son resistidas- en una configuración particular que articula determinación (una comunidad patagónica históricamente petrolera y masculina) y contingencia (el boom y las nuevas formas de pensar el trabajo, las relaciones de clase y las construcciones de género).

Después Hernán Palermo se propone reconstruir históricamente las identificaciones de los trabajadores del sector para luego reparar en las formas en que representan el género según el lugar que ocupan en el proceso de cooperación capitalista. Allí, sostiene el autor, convergen saberes técnicos y formas de producción de la masculinidad históricamente situadas, redundantes en una determinada disciplina fabril. A partir de una investigación cualitativa, el autor considera cómo la pérdida del trabajo en YPF –a partir del proceso de privatización de la empresa en la década de los ’90- produjo masculinidades devaluadas. En el posterior contexto de tercerización, surgen los “petroleros” en tanto “nuevos varones del petróleo”, no sin diferenciaciones internas.

El próximo texto de Paolo Paris considera las relaciones de género que permanecen a pesar de la reestructuración del mundo petrolero en los últimos veinticinco años, dada por contextos de post-privatización y post-convertibilidad, y se pregunta si esa formación puede ser erosionada por la contemporaneidad. El autor también reflexiona sobre la relación entre “petroleros” y “no petroleros”, y la “parte maldita” que fascina a la vez que genera rechazo. En ese camino retoma la propuesta de Georges Bataille y cierta producción académica local, para concluir presentando las prohibiciones y transgresiones que vinculan trabajo, empresa y género en la “boca del pozo”.

Por último, el artículo de Stefan Peters analiza la provincia del Chubut y, especialmente, la ciudad de Comodoro Rivadavia desde una perspectiva de la teoría rentista. En su texto describe a Chubut y su principal centro urbano como una sociedad rentista fuertemente caracterizada por los ingresos rentísticos. El texto se centra en indagar la (re-)producción de patrones político-territoriales y desigualdades sociales a través de la distribución de la renta petrolera, así como en la naturalización de la extracción petrolera en Comodoro. Peters afirma que el caso de estudio arroja luz a las limitaciones de la dicotomía bendición vs. maldición de los recursos naturales que domina buena parte del debate sobre renta (petrolera) y desarrollo, y propone una reorientación teórica-conceptual hacia el estudio de sociedades rentistas.

Consideramos que los artículos reunidos ofrecen un amplio y muy valioso panorama que nos permite un mejor entendimiento de los procesos sociales en la Patagonia Argentina y sus interrelaciones con la extracción de hidrocarburos. Sin embargo, más que un proyecto culminado, concebimos al presente dossier como un comienzo que abre nuevos interrogantes académicos a la vez que replantea otros y que, por lo tanto, esperamos que represente un punto de partida de futuras investigaciones. Además de la profundización de los debates aquí planteados, queremos señalar -sin ambiciones de ser exhaustivos– cuatro líneas de investigación adicionales para ilustrar posibles caminos en ese sentido. En primer lugar, cabe subrayar que este dossier se limita al análisis de casos de la Patagonia Argentina. No obstante, en un próximo paso sería importante abrir el espacio a comparaciones sistemáticas con otros casos de explotación minera e hidrocarburífera en Argentina, América Latina y otras partes del mundo. En este sentido, resultaría de especial interés académico llevar adelante un análisis comparativo de las dinámicas presentes en la Patagonia Argentina con otros casos de sociedades petroleras a nivel subnacional en países no-petroleros.

En segundo lugar, varios de los artículos reunidos en este dossier hicieron hincapié en la complejidad de las relaciones laborales en la industria petrolera. Si bien es cierto que las remuneraciones de los trabajadores petroleros son relativamente altas, otros factores como la estabilidad laboral, la reducción de las horas de trabajo, las mejoras en la seguridad y la prevención de accidentes laborales, junto a la lucha contra las desigualdades de género(s), van ganando importancia para los trabajadores y sus gremios. Dicho con otras palabras, se trata de discutir y plantear estrategias que aseguren que los trabajadores tengan acceso a un trabajo decente en una amplia perspectiva (ILO, 2012). Sin embargo, cabe señalar que el desafío de mejorar las condiciones laborales no se restringe a los trabajadores petroleros. Especialmente en sociedades con una fuerte presencia de economías de enclaves –como es el petróleo– también hace falta desarrollar estrategias para mejorar las condiciones laborales de los y las trabajadores-as cuya vida está estrechamente vinculada a la actividad extractiva, aunque no trabajen en la industria.

En tercer lugar, cabe señalar que uno de los desafíos más importantes para todas las sociedades mono-dependientes de recursos naturales no renovables consiste en fortalecer los sectores no-extractivos y contribuir a la diversificación de la economía para reducir la dependencia de los recursos naturales y llegar a un modelo de desarrollo económica, social y ecológicamente más sostenible. Aunque existe un amplio consenso sobre los beneficios de ampliar la matriz productiva y una serie de ejemplos actuales e históricos de planes para salir de la dependencia de recursos naturales, los resultados de estas iniciativas suelen ser –en el mejor de los casos– mediocres. Por consiguiente, y con mucha más urgencia en el actual contexto de crisis, la academia, las instituciones de representación política, pero sobre todo la sociedad en su conjunto, se confrontan con la urgencia de analizar los factores que obstaculizan o inhiben mayores éxitos en la diversificación de la matriz productiva en sociedades extractivas. Ese análisis es la base para discutir, formular e implementar iniciativas políticas, económicas y sociales concretas que permitan reducir la dependencia de los commodities y construir sociedades post-extractivistas.

En cuarto lugar, no cabe duda que en las ciudades petroleras de la Patagonia Argentina se han establecido y se siguen reproduciendo “culturas del petróleo” que se destacan por una serie de particularidades en las relaciones sociales, los patrones de consumo y el uso del tiempo libre, relaciones Estado-sociedad, perspectivas hacia el futuro, relaciones entre la sociedad y la naturaleza, etc. que las distinguen claramente de otras formaciones sociales del país. Sin embargo, hay pocos trabajos académicos abocados al análisis empírico de las características comunes (también en perspectiva comparada) de las culturas petroleras locales.

Discutir las interrelaciones entre petróleo, sociedad y trabajo, por lo tanto, abre espacios para una serie de interrogaciones con alta importancia política y social para las sociedades petroleras por un lado, pero también para la reflexión académica y especialmente para el debate de las Ciencias Sociales. Con este dossier queremos contribuir a esas discusiones, y de esa manera incentivar el estudio empírico de las sociedades petroleras en la Patagonia Argentina, pero también en otros lugares del mundo.

Bibliografía ILO (2012) Decent Work Indicators: Concepts and Definitions. Geneva, ILO. Savino, L. (2016) “Landscapes of contrast: The neo-extractivist state and indigenous people in ‘post-neoliberal’ Argentina”, en The Extractive Industries and Society, vol. 3, 404-415. Scribano, A. y Machado Araoz, H. (2013) “Presumidamente blanca… Notas para entender la violencia racializante”, en: Boletín Onteaiken, N° 15, 1-21.

 
Dossier completo

Presentación Natalia Barrionuevo & Stefan Peters | 01

La naturalización de las problemáticas medioambientales en torno a la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia Brígida Baeza & Magali Chanampa | 07

Hacia una ecología política del fracking en la Patagonia Argentina Joaquín M. Bernáldez | 32

Derecho, tierra y petróleo. Una aproximación analítica multiescalar desde el norte rionegrino Laura Mombello | 49

Petróleo, dificultades del acceso al suelo urbano y toma de tierras: un problema recurrente en la historia comodorense Santiago Bachiller | 71

Trabajo petrolero y desigualdades de género en Comodoro Rivadavia: reactualizaciones históricas Natalia Barrionuevo | 88

La construcción social de la(s) masculindad(es). Un análisis etnográfico del universo laboral de los trabajadores petroleros Hernán M. Palermo | 110

El pozo maldito: Trabajo petrolero, heteronormatividad y goce en la Cuenca del Golfo San Jorge Paolo Paris | 128

Petróleo, política y sociedad en Chubut: reflexiones teórico-conceptuales en torno al rentismo Stefan Peters | 144

La sopa del albañil y el viento sonando entre las hendijas de la ventana César Barrientos | 165

Revista Identidades del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Patagonia (UNPSJB)